La valerosa Gloria Cuadras y su vínculo con Fidel

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Santiago de Cuba, 27 de nov.- Cuando falta más de un mes para celebrar el aniversario 60 del triunfo de la Revolución, en Santiago de Cuba se evoca a la destacada combatiente Gloria Cuadras de la Cruz (1911-1987), quien sentía orgullo manifiesto de sus estrechos vínculos con el eterno líder Fidel Castro  y la Generación del Centenario.

Veterana luchadora desde la época de Gerardo Machado, el asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953,  la conmovió de la misma manera que estremeció a todo el país, y le dio las fuerzas y la esperanza de labrar un futuro mejor para su amada Patria.

En sus testimonios rememoraba con vehemencia el justo instante en que conoció a Fidel y la certeza de que tenía delante al hombre que cambiaría definitivamente el destino de Cuba, así lo percibió desde el primer momento.

Asiduamente recordaba que ante su insistencia por asistir al juicio de los asaltantes a la fortaleza militar, un oficial de la dictadura inquiría por qué tanto interés en ver a Fidel y en seguir aquel hecho, y ella sencillamente decía era un buen hombre, revolucionario, honesto y además muy galante.

Junto a su esposo, Amaro Iglesias, rescató los restos de los muertos por aquellos sucesos para darles digna sepultura, y asumió la misión de cuidar las tumbas de los mártires de la epopeya y de mantener relaciones plenas de cariño y respeto con sus familiares.

Su natal Santiago de Cuba no olvidará jamás su ardor, arrojo  y pasos sigilosos en tiempos de lucha clandestina por alcanzar la libertad de esta brava mujer, junto a Haydée Santamaría, Frank País, Vilma Espín, Armando Hart, Pepito Tey, Tony Alomá y Otto Parellada.

 Con esa hornada de jóvenes revolucionarios Gloria  desempeñó un papel protagónico en el levantamiento armado de la urbe, el 30 de noviembre de 1956, para respaldar el desembarco del Granma que venía desde México con Fidel Castro al frente para ser libres o mártires, como había vaticinado.

Con su intrepidez característica asumió la gran responsabilidad de ser una de las máximas organizadoras del Movimiento 26 de Julio junto a Frank, y fue el enlace entre esa generación y la precedente, como luchadora experimentada y compañera de avatares de Antonio Guiteras.

Gloria se distinguía por sus convicciones muy sólidas e ímpetu poco común y cuando, por determinadas causas, se frustraban los anhelos libertarios no desmayaba ni un ápice su quehacer.

Su emblema era confiar siempre en el pueblo y en la fuerza de los buenos hijos de Cuba, así lo confesó muchas veces, y muchas veces reiteraba que no se equivocó con Fidel.

Laboró con esmero para apoyar a Eduardo Chibás, y con la muerte del hombre de la vergüenza contra el dinero,  el Partido Ortodoxo fue a la quiebra, pero Gloria buscó nuevos derroteros y los encontró en los jóvenes de la Generación del Centenario que atacaron el Moncada con la guía iluminada de Fidel.

A la justa causa de esos valientes cubanos se entregó en cuerpo y alma, y no se olvida sus valiosos servicios junto a su esposo y a otros compañeros de lucha para saber dónde estaban enterrados los muertos por el ataque a la fortaleza el 26 de Julio.

De su colaboración, expresó una vez la Heroína del Moncada Melba Hernández Rodríguez del Rey: “Ellos cuidaron de nuestros gloriosos cadáveres hasta dejarlos depositados en Santa Ifigenia y siempre nos mandaron mensajes de que estaban bien cuidados y de que se les ponía flores. Siempre muy cerca de nosotros el pueblo de Santiago de Cuba y muy especial el caso ejemplar de esa luchadora que se llamó Gloria Cuadras.”

 Fiel testigo y participante de las hazañas de la rebelde ciudad como responsable de Propaganda del M-26-7 en Santiago de Cuba, esta cubana singular fue combatiente con las armas y también con la pluma en periódicos y emisoras de radio, donde hacía llegar manifiestos revolucionarios en su condición de extraordinaria agitadora.

Las actuales y futuras generaciones tendrán siempre en ella un ejemplo de inspiración constante para servir mejor a la Patria.

Por: Aída Quintero Dip

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