Las aulas nunca más se cerraron

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Santiago de Cuba, 13 de ene.- Las puertas del saber y del conocimiento que se abrieron para los santiagueros y todos los cubanos,  a raíz del primero de enero de 1959, cimentaron granito a granito una de las obras más grandiosas y sublimes de la Revolución en estos 60 años de victoria.

De esa manera las aulas nunca más se cerraron,  como reza ese himno de amor que enaltece la Campaña de Alfabetización, protagonizada en 1961, muestra de la prioridad del sector de la Educación a la que el país no ha escatimado en destinar recursos, pese a las grandes limitaciones.

  En el municipio de Santiago de Cuba, por ejemplo, se cuantifican avances significativos, como el notorio desarrollo de los círculos infantiles que han crecido para beneficiar a las madres trabajadoras y a los propios niños, junto al Programa Educa a tu hijo atendido por las vías no institucionalizadas.

La Educación Especial -inexistente antes de 1959-  también ha experimentado logros, con el aumento de centros y de una atención especializada de alto rango a niños con retraso mental, extrávicos, ambliopes, trastornos severos  en la comunicación, autismo, y en la ampliación de las modalidades de la escuela de formación integral, arista en la que ha sobresalido el lado más humano de la Revolución.

Escenario de varias transformaciones es la secundaria básica,  nivel que se vio necesitado de esa cantera que representaron los profesores generales integrales, programa ideado por Fidel, al que se sumaron otros beneficios como la merienda escolar, fiel reflejo de los cambios de la escuela cubana.

El sistema educacional cuenta con instructores de arte ubicados en las escuelas que posibilitan ampliar el horizonte cultural y desarrollar las manifestacionesartísticas y apreciación del arte desde edades bien tempranas.

  Aires renovadores reinan en el sector  como parte de los Programas de la Revolución, en el que el Audiovisual  ejerce una función decisiva en los empeños educacionales, además de la informatización que ha llegado hasta las aulas.

  El panorama es mucho más halagüeño en el preuniversitario, pero sobre todo por la  maestría del personal docente, y la capacidad de directivos y profesores para formar jóvenes con una base sólida que incide a la hora de acceder a carreras universitarias.

Como resultado -igualmente- de una modalidad solo posible en una nación como Cuba, funcionaron centros para los cursos de Superación Integral para Jóvenes, que les dio la posibilidad de acceder a la Educación Superior a los que, por determinadas causas, no habían podido lograrlo.

Ese ha sido el fruto de la voluntad estatal y del empeño de los educadores santiagueros, que son ejemplos de entrega y del afán de superación y creación constantes. Ellos forjaron y forjan, cual  orfebres, a  personas de bien que contribuyen a engrandecer la nación, y eso tiene su premio.

Como hijos de la modestia, solo se ufanan del privilegio de poder aportar,  y de ser artífices de las lecciones de sus antecesores en el responsable puesto de enseñar y educar.

Santiago de Cuba y su pueblo se enorgullecen de poseer  una tradición enaltecedora del magisterio, por ser tierra pródiga en maestros célebres que dieron gloria a las aulas y a la Patria,  porque hicieron de los afanes libertarios el motivo principal de su vida y de su obra.

Por: Aída Quintero Dip.

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