Líder, la corrupción de un concepto

Santiago de Cuba, 14 de oct. – Quienes tenemos la responsabilidad de las palabras deberíamos responder ante los tribunales por el delito de corrupción del idioma: deberíamos hacerlo porque las palabras no se pueden defender solas.

Quienes trasegamos con las palabras somos responsables de cuidarlas. De tanto uso indiscriminado hemos desemantizado vocablos como cosa, que significa cualquier cosa o algo, que no significa exactamente nada salvo cuando indica inexactitud. Ahora la emprendemos con  nivel; se habla de nivel de recursos, de  nivel de combustible y hasta del nivel de nuestra ignorancia.

La utilización indiscriminada del concepto líder comporta riesgos adicionales. Con frecuencia se emplea en lugar de  jefe aunque sabemos lo obvio; hay jefes que no son líderes y líderes que no son jefes, pero insistimos en utilizarlos como sinónimos cuando no siempre lo son. A este desparpajo han contribuido los denominados grandes medios, los modismos, las manipulaciones y nuestro espíritu gregario capaz de conducir a la irresponsabilidad léxica. Es lìcito y aun necesario tomar informaciones de fuentes externas, de la competencia, lo que no se puede asumir es el enfoque.

En nuestros noticiarios hablamos de las fuerzas del orden, una expresión utilizada en lugar de un vocablo más fácil y eufónico: policía. De modo que sustituimos una palabra breve y clara por una construcción larga que muchas veces solo sirve para manipular a los receptores, pues en muchas partes la policía en vez de actuar como fuerza del orden propicia el desorden. Años atrás decíamos en vez de campo bloque socialista. El sustantivo bloque tiene sentido de choque.  Ahora hay personas  que hablan delbloque del ALBA. No lo dice el enemigo, lo decimos nosotros.

Y algo peor, son los nuestros quienes cuando se refieren a Juan Guaidó  lo tildan de líder de la oposición venezolana, cuando este señor no es líder ni en su casa. El sustantivo líder es por definición positivo. En el movedizo mundo de la política este concepto ha sido manipulado y se habla de líderes mundiales en referencia a presidentes de diversos países, especialmente los poderosos y nosotros lo repetimos quizás porque no percibimos que la concepción de liderazgo en política implica una valoración ideológica, en el sentido amplio de la palabra.

Certificamos como líderes a individuos que ordenan matar pueblos enteros por la violencia o lentamente al oponerse a combatir el cambio climático. De suerte que hasta Bolsonaro es denominado líder, si este señor es un líder: ¿qué somos los demás? El líder político es un guía, un conductor, una persona capaz de unir a las masas y guiarlas para lograr un propósito coherente. Y no solo funciona en política, en el equipo de beisbol, por ejemplo, el líder es el jugador que aglutina.

En el terreno que más nos interesa, el de la Comunicación Organizacional, distinguir líder y jefe es perentorio. En nuestro mundo empresarial para que el nuevo modelo económico social se consolide requerimos de  jefes que dominan su actividad y sean eficientes; pero necesitamos, sobre todo,  líderes capaces de aglutinar, como lo hacen nuestras máximas autoridades en el territorio; precisamos de personas aptas para conducir a las masas.En el mundo empresarial no solo hay líderes individuales, sino organizaciones líderes.

Líder y jefe son términos correlativos, pero no semejantes. Ser jefe significa tener una ocupación, un cargo, cumplir tareas a corto y mediano plazos. Identificamos al jefe con el que manda, con una actitud que implica poder, capacidad para encauzar la misión de la empresa, lo que ella es. La función de líder es más compleja. El líder persuade, planifica, piensa de modo proactivo y con su pensamiento estratègico es el responsable de llevar la empresa hacia la visión, hacia lo que pretendemos que sea.

Lo ideal es que jefe y líder confluyan en una misma persona. Y no hay líderes negativos, la noción  de liderazgo se asume como positivo como mismo asumimos el concepto  de héroe. No hay líderes mundiales cuyas decisiones  tienden a destrozar un mundo ya caótico, desigual e injusto. Pero en Santiago y en Cuba  tenemos líderes que miran de frente al futuro: esos son lo que precisamos y merecemos.

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