Lluvias… ¿Buenas o malas?

Santiago de Cuba, 2 de abril. – Cuando en las primeras horas de la noche de ayer nos sorprendía un fuerte aguacero que duraba varias horas en la ciudad santiaguera, esta reportera, se puso a pensar, lo bien que venían estas lluvias para aplacar el polvo que tenía enfrente en una construcción iniciada y sin concluir y para atenuar el calor sofocante con el que nos habíamos mantenido en toda la jornada… Pero una vez que escampaba una vecina se acercaba para decir… ¡Dígame usted, mira el fanguero que ha creado esta agua, y como si fuera poco ahorita NO dormiremos por los mosquitos… Quedaba en silencio y me decidía a escribir… ¿Buenas o malas las lluvias?

Un tanto de historia…

No pocas civilizaciones antiguas adoraban a los dioses buscando su perdón y misericordia… Específicamente en Asia, los campesinos hacían fiestas al dios de la lluvia para que les mandara el agua que salvara sus cosechas….

En medio de toda su falta de conocimiento de una cosa sí estaban convencidos…Del agua,  dependían los arrozales, y por su puesto, dado el tipo de economía dependiente de este cultivo, significaba para ellos la propia vida… Pero estas cosas no sólo eran cuestión de Asia… En el México de aquellas primeras civilizaciones también habían sus imploraciones… Y mira qué interesante… En este país, muy específicamente los aztecas le ofrendaban vidas al agua, a las lluvias, para conseguir la simpatía del Dios que la enviaba y poder regar el maíz, que precisamente, era un grano importante pues éste, como el arroz para los asiáticos, también representaba mucho en función de la alimentación de las familias de aquellos tiempos…

En Cuba…

Por acá, por el archipiélago cubano, nunca se empleó un culto específico conocido para atraer las lluvias, pero no son pocos los viejos campesinos que invocaban en mente y en alma a San Pedro en busca de un consuelo en medio de grandes sequías atravesadas en el país.

No sé si sabrás, por ejemplo que actualmente en la Sierra Maestra, el macizo montañoso más alto que conocemos en el país, con un régimen de precipitaciones favorables por estos tiempos recientes, pero donde la sequía más de una vez ha conspirado contra el café y las plantaciones, los habitantes de la zona simpatizan de forma contagiosa con ese visitante que llega y trae lluvia.

Llegar una persona a casa de un campesino aunque sea con una fina llovizna, demanda una atención sobradamente especial cuando él te recibe… Claro, siempre el hombre y la mujer de campo son buenos anfitriones, pero esta vez si cuando llegas vienes con un chaparrón, entonces se alegra muchísimo y se esmera mucho más…

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