Los aretes de la luna

Santiago de Cuba, 21 de ene. – Pasan los años y con ellos la presencia de algunos valores culturales se alejan del recuerdo, sobre todo si esos valores son personas del mundo artístico; como se dice popularmente «Pasan de moda» y en verdad no se tiene mucho cuidado en preservar la obra en ocasiones antológica de esos artistas que marcan una época y lamentablemente quedan en el cajón del olvido.

Nombres serian muchos, pero algunos como Vicentico Valdés es de los mas injustificados pues fue el cantor de los mas populares y recurridos en la radio cubana y latinoamericana pero hoy apenas lo escuchamos como debía ser.

Vicente Valdés Valdés (Vicentico) nace en el barrio de Cayo Hueso, en el municipio Centro Habana, provincia Ciudad de La Habana, el 10 de enero de 1921, su casta le viene de proceder de una familia de notables músicos tal y como lo fueron sus hermanos Marcelino Valdés y Oscar Valdés, percusionista, y el también gran cantante Alfredito Valdés.

Es evidente que ese entorno familiar influye en su formación, unida a una voz en extremo agradable y un timbre especialmente exclusivo Vicentico Valdes inicia su camino a la popularidad integrando agrupaciones como el Septeto Nacional, la impresionante Charanga de Cheo Belén Puig y la orquesta jazz band «Cosmopolita». Estas primeras incursiones fueron de alta versatilidad interpretando sones, guarachas y danzones aunque después fue un consumado bolerista,

Como la mayoría de las figuras del arte cubano va en busca del contacto internacional y viaja a México, allí logra sus primeras grabaciones en el año 1944 y las realiza con la Fábrica de discos Peerless S.A. de C.V. fundada en el año de 1933, que sería la primera y más importante empresa fonográfica mexicana por décadas, su dueños Gustavo Klinckwort y Eduardo Baptista asumieron con entusiasmo la producción de los discos del cubano  que abrió con gran éxito su camino en la discografía

De México cruza a New York para grabar con la disquera norteamericana Seeco. En esa ciudad Vicentico trabajó con las importantes orquestas puertorriqueñas de Noro Morales y el célebre pailero Tito Puentes. Esta etapa se considera explosiva para el intérprete ahora en leal competencia ante la avalancha de grandes músicos y cantantes, como Chico OFarrill, Mario Bauzá, Panchito Riset, Orlando Vallejo, Antonio Machín o el Conjunto Caney, de Fernando Storch, por sólo mencionar algunos de los más prominentes.

A comienzos de los 50, realizó varias grabaciones en las que los boleros toman mayor presencia en su repertorio. Otro género al que dedicó mucho espacio fue al mambo, que triunfaba por esos años, sobre todo en el continente gracias a otro cubano célebre, el matancero Dámaso Pérez Prado, quien ya era ídolo sobre todo en México y La Habana.

En 1953 regresa a la Habana y graba con la Sonora Matancera, ya en el año siguiente  contaría con su propia orquesta manteniendo un programa diario de media hora en la COCO, el célebre Vicentico Valdés grabó cerca de 50 discos a lo largo de toda su fructífera carrera, ya para esa ocasión se insertaba en la lista de grandes como Orlando Vallejo, Ñico Membiela, Orlando Contreras, Panchito Riset y Antonio Machín y el mítico Benny Moré

En 1958 incorpora a su repertorio tres boleros de una autoría hasta entonces desconocida esa cualidad de compositor, esas canciones fueron En la imaginación, Deja que siga sola y Tú dominas esta ultima dedicada a Marta Valdés, nuevas composiciones que incorporadas a a su repertorio le colocan aun mas en la preferencia del publico y acentúan la ya ganada reputación y excelencia del género.

Con entera veracidad alguna vez comentó el artista; «Soy mucho más afortunado que muchos de los cantantes que empiezan ahora. Puedo defender todo el tiempo lo que creo que es correcto musicalmente. No tengo que hacer concesiones porque la gente me acepta como soy. Pero si fuera a empezar hoy y tuviera que hacer todas las cosas que he venido haciendo hasta ahora, sería mucho más difícil».

El Ministerio de Cultura de Cuba en el año 2001 y en homenaje póstumo le ofrenda un merecido homenaje al incorporar a la edición de la antología de poemas cubanos sobre boleros y canciones, un espacio dedicado al gran cantante titulado “Añorado encuentro”, que contó con la selección y prólogo del poeta Waldo González López Míos, y con la esmerada edición de Mayra Hernández Menéndez, para la Editorial Extramuros de la Habana

Vicentico fue un valioso promotor internacional de nuestra música y mereció muchísimos premios por la preferencia de sus grabaciones entre ellos varios Discos de Oro por algunas como: «Añorado encuentro», canción por la que sentía especial preferencia, aunque más tarde se enamoró de otras dos, igualmente famosas: Envidia y Los aretes de la luna.

Murió el excelente cantante en New York a la edad de 74 de muerte natural, el 26 de junio de 1995.

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