Los carnavales más famosos de Cuba
Santiago de Cuba, 22 de jul. – Para la generalidad de los santiagueros carnaval es un sustantivo esencial: no se asocia solamente con la diversión, las comparsas, las congas y los abrazos que damos a gentes a quienes hace rato no veíamos; tampoco es exactamente sinónimo de festejo, comidas y bebidas; el Rumbón mayor, como lo califican algunos, no es simplemente jolgorio ni se limita al despliegue de piernas, caderas, risas y riñones; el carnaval santiaguero, digámoslo de una vez, es la fiesta total.
Este año los carnavales más famosos de Cuba comenzaron este 21 de julio y se extienden hasta el 27. Son fechas oficiales, porque los más entusiastas empiezan antes, y otros terminan después, cuando los bolsillos y los cuerpos se quejan de los maltratos del estropicio. Los carnavales son parte raigal de nuestras tradiciones, por eso son intocables.
Santiago de Cuba está inmerso en los preparativos que comenzaron hace meses. Las agrupaciones ensayan para desfilar con eficacia y congratular a sus admiradores. Está la Tumba Francesa, declarada Patrimonio de la Humanidad, las comparsas, desde las originarias, Carabalí Izuama (1771) y la Carabalì Olugo (1877) hasta las más contemporáneas como La Kimona o La Placita; y las congas con su ritmo contagioso como el San Agustín o Paso Franco y la más buscada por los pies de la gente: Los Hoyos. Y están otras agrupaciones que encauzan la alegría junto a grupos musicales de toda la provincia y de otros lugares del país.
Las áreas donde se desarrollarán los festejos se alistan. Las avenidas de Trocha, Martí y Santa Úrsula se visten de gala; los repartos como Sueño, el Distrito JoséMartí, el Abel Santamaría; los poblados que rodean a la urbe se preparan. En todas las áreas se reforzarán las ofertas gastronómicas, con platos tradicionales, confituras, bebidas y sobre todo mucha música, bailes y cantos, elementos raigales de la identidad nacional y del ser santiaguero.
Como preludio al Rumbón mayor se desarrolló el carnaval infantil, que ya cumple 25 años y muestra la capacidad de los niños para conservar la tradición carnavalesca.
El carnaval es la fiesta mayor. Hay personas que ahorran meticulosamente durante todo el año para cumplir con el jolgorio; hay otra sque, con tantos años a cuestas ni siquiera deberían salir a las calles, pero salen y cuando los devuelven a su silla de ruedas, intentan bailar aunque sea sentados; hay gentes de todos los sexos y edades que no resisten dejar pasar las congas y se incorporan. Vienen gentes de todas partes de la Isla y de más allá.
Para conocer a nuestra gente hay que inmiscuirse en el carnaval, le decía un profesor de Sociología de la Universidad de Oriente a unos estudiosos que vinieron a un curso de verano. No es raro ver a extranjeros que se entusiasman y participan, unos son turistas, otros vienen a los festejos por el 26 de julio. Se les reconoce porque su ritmo es diferente; pero no tienen que amilanarse y mucho menos avergonzarse: para congeniar con el ritmo santiaguero hay que estar entrenados. Sucede que muchos santigüeros llevan el carnaval en la sangre.
El penúltimo día del carnaval, en la noche del 25, la fiesta hace una breve pausa, para celebrar el acto por el Día de la Rebeldía Nacional, fecha que esta vez rememora los 66 años del asalto al cuartel Moncada por un grupo de jóvenes revolucionariosque atacaron la fortaleza liderados por otro joven: Fidel Castro Ruz, el Líder Histórico de la Revolución Cubana. Este acontecimientoinició una fase superior en la lucha contra la tiranía pro imperialista de Batista, derrotada el 1 de enero de 1959. Cuando concluya el acto continuará la fiesta hasta el próximo día, aunque algunos preferirían que los festejos siguieran hasta el infinito.

