Los dardos de la tercera edad

Santiago de Cuba, 28 de ene. – Le tercera edad, me dicen, comienza a los sesenta. Tengo la impresión de que para algunos empieza mucho antes, pero no hay problema, la precocidad está reconocida. Del comienzo se sabe o se intuye, de lo que no tenemos certeza es del final. Mi amigo Carlos me dice muy campante, eso se sabe cuando llega el momento: habla con convicción, aunque no tiene experiencia en el asunto, nadie la tiene; y esta es la parte complicada: quienes la poseían se fueron con ella, algunos nos dejaron ciertas premoniciones, nosotros podríamos proceder igual, este es un asunto muy democrático: cada quien tiene el derecho a equivocarse y a losque saben es inútil convocarlos.

No estamos en condiciones de opinar con certeza sobre la existencia de los dardos, solo podemos, en el mejor de los casos sentir su acecho: son inexorables, nada ni nadie puede detenerlos, quizás con un poco de suertepodemos prorrogar su ataque definitivo, entretenerlos con paliativos que solo sirven para dilatar la espera. Desafían las viejas y nuevas tecnologías, aún las más sofisticadas, se burlan de las intenciones aún las concebidas con amor, no reparan ante la viceversas, son peores que el neoliberalismo y tienen ventaja sobre este y otras atrocidades que   sonperecederas.

El tiempo le corresponde. Atacan por cualquier flanco, atraviesan cualquier barrera, saltan cualquier barda. Cuando el obstáculo es de consideración lo bordean, lo penetran o lo eluden. Sus estrategias son infalibles, disponen de un espíritu indoblegable. Los meandros del tiempo devienen sus aliados, son otro camino para llegar al objetivo, una escaramuza. Cuando las víctimas perciben el riesgo, los dardos acuden a su arsenal de ardides e imponen su veredicto. No ceden. Tus respuestas solo consiguen retrasar la mala suerte. Acaban contigo, menosprecian certificados, diplomas y papeles: son antiburocráticos; quizás por eso son tan eficientes.

Ajenos a los esquemas disponen de un repertorio inagotable, si es preciso acuden a técnicas no muy ortodoxas pero igual de eficaces. Son infalibles, de todos modos aun cuando se arrepientan a última hora consiguen sus propósitos. No se amilanan ante fracasos coyunturales, sus estrategias son tan flexibles que frecuentemente sus víctimas colaboramos. Despliegan sus metodologías, cualitativas o cuantitativas, según el caso, a veces embisten con violencia, otras actúan con la parsimonia propia de la bondad o el amor. Siempre alcanzan sumeta. A los dardos no se les puede provocar, es inútil, llegan con independencia de las dudas,las contingencias, las certezas y los pareceres.

Son implacables: penetran de toda forma. A veces exploran tu cuerpo exhaustivamente para elegir el punto adecuado. Atacan solos o en pandilla: conocen las bondades del trabajo en equipo. Asedian, planifican, ordenan y controlan hasta que deciden que llegó el momento de la verdad, entonces sonríen. Son tan contumaces y eficientes que solo podemos dilatarlos hasta el instante final cuando deciden que seas otro y te incorporan a la historia o te dejan fuera de ella o en sus arrabales y tú no puedes hacer nada para evitarlo porque escogiste la opción de vivir.

Sobre tales cosas meditaste durante el sueño. Al despertar, las escribiste. Ahora te bañas, pero no dejas de pensar en los dardos. Ni siquiera cuando tomas el auto y llegas al hogar de ancianos de Ciudamar, cerca de la bahía santiaguera. Te guías por un artículo publicadopor el semanario provincial Sierra Maestra, el 5 de octubre del año pasado. Corroboras la justeza de los criterios que la doctora Lydia Suárez, la directora del hogar, aportó al semanario.

Caminas y observas. Varios ancianos crean productos artesanales, hacen cosassencillas, viven y se divierten. En la tarde, te informan, hay fiesta: bailes y dulces, una buena oportunidad para enamorarse: el amor no sabe de fronteras; los dardos tampoco.Platicas con algunos ancianos. Hablan de las atenciones que reciben a diario, del cariño de quienes los atienden, del amor por su país. No teatreves a hablarle de cosas tan feas como los dardos de la tercera edad: algunos de ellos deben estar en la cuarta y probablemente ni se inquieten si mencionas los dardos, y hacen bien: hay otras formas más hermosas de perder el tiempo. Cuando regresas tienes la impresión de que te llevas un trozo de su convocatoria por la vida.

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