Los discípulos de José de la Luz y Caballero

Santiago de Cuba, 18 de jul. – Reconforta saber que en Cuba hay muchos discípulos de José de la Luz y Caballero que hacen realidad cotidianamente en las aulas la profecía del insigne maestro: “Enseñar puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo”.

Para tranquilidad de los padres y madres, que depositan en ellos el futuro de sus hijos, abundan los herederos del célebre educador cubano del siglo XX, quienes, con su vida y su obra al servicio de la enseñanza, han hecho un monumento al magisterio.

Por sobre todas las cosas ellos aman la profesión y la palabra maestro es algo mágica que les sugiere, les estimula, les emociona, siempre les convida al compromiso y al trabajo, ante un empeño que les enaltece como seres humanos.

Casi siempre el apego a la pedagogía nace bajo la influencia de profesores que dejan huellas, al revelarle el encanto de las primeras letras y los primeros números; así muchos se guían por paradigmas como Rafael María de Mendive y Raúl Ferrer.

Al responsable puesto de forjar las nuevas generaciones  se han consagrado miles y miles, desde aquellos jóvenes que respondieron a la convocatoria de la Revolución, en 1963, para hacerse maestro, que como dijo José Martí es hacerse creador.

También a los dieron el paso al frente para que Cuba se declarara Territorio Libre de Analfabetismo en América, el 22 de diciembre de 1961, fecha escogida para celebrar el Día del Educador.

Los primeros y los que vinieron después han cimentado conocimientos y valores en la escuela cubana, que la han convertido en referencia para ser valorada por la Unesco por la calidad de la enseñanza y la formación integral de niños, adolescentes y jóvenes.

Un maestro o maestra inolvidable tuvo cada alumno, evocado con cariño más allá del tiempo y la distancia, por ser noble y paciente, pleno de saberes, que enseñó letras, números, oraciones, conceptos, pero también dio amor, educó y aportó enseñanzas para toda la vida.

A ellos que abrazaron el magisterio por vocación, y hasta a quienes lo asumieron por necesidad y también sembraron, va ese merecido reconocimiento  del Estado revolucionario cubano que aprobó un aumento de salario a ese sector presupuestado.

El Héroe del Trabajo y director del seminternado Abel Santamaría, de El Caney, Rolando Beltrán Hurtado, considera que esa justa decisión representa un compromiso para los docentes y no docentes, en aras de que la educación siga siendo una joya en términos de derechos humanos.

Yo estoy muy feliz de ser parte de una de las principales conquistas de la Revolución, que defenderé con un mejor trabajo frente al aula cada día y en la forja de mejores ciudadanos para el país, subraya la maestra de primaria, Yanet Silveira.

Las transformaciones que se acometen en el sector retoman hoy caminos ya transitados y otras emprenden nuevos senderos, que profundizan para elevar la calidad del proceso educativo, interés de una Revolución muy celosa en la formación de las nuevas generaciones.

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