Los inescrupulosos y los amantes de lo ajeno

Santiago de Cuba, 19 de sept. – A veces no se pueden deslindar porque hay personas que constituyen una mezcla donde conviven la falta de escrúpulos y la escasez de amor por lo suyo. En estos casos el individuo es al mismo tiempo inescrupuloso y defensor a ultranza de lo ajeno, quizás porque desconoce la sabia sentencia popular que reza: lo ajeno se deja quieto o aunque la conoce prefiere hacerse el desentendido.

Están los rateros, roban de muchos modos,  su víctima predilecta y principal suministrador es el Estado. La falta de control es su aliado natural. Trafican con cualquier cosa mal habida incluidos productos tan sensibles como los medicamentos. Conocen las necesidades de la gente y viven atentos a la llegada de las mercancías, las sustraen, se agencian  un cómplice para que las venda o la comercializan ellos mismos. Esta fauna incluye a los ladrones, a quienes permiten  el robo  y a otros tan peligrosos como los anteriores, que no delinquen pero con su pasividad estimulan el delito: son los indiferentes.

Son pocos pero son, nada ganamos con negar su existencia o evitar referirnos  a esas lacras que nos desangran. La mayoría de los santigüeros que conocemos son personas laboriosas, honradas. Unos cumplen con sus responsabilidades laborales y sociales: otros trascienden esa actitud, sobresalen en alguna esfera del quehacer cotidiano y se convierten en vanguardias, los estimula el orgullo de ser santiagueros. Los amantes de lo ajeno no son necesariamente malas personas. Los hay de vista corta, amigos de las comparaciones frágiles y de superponer la realidad real -la única que conocen, disfrutan y sufren – a otras realidades desconocidas.

Hablan con fervor de lo que el capitalismo ha logrado en otros lugares y reniegan de lo propio, quizás porque ignoran que gentes procedentes de esos países que tanto  admiran, cuando nos visitan, se asombran de las conquistas sociales alcanzadas por este pequeño país bloqueado; logros que descalifican la versión manipulada de nuestra realidad tan difundida en el extranjero. Hay quienes hiperbolizan lo foráneo porque son dueños de una mentalidad colonizada de la cual no pueden desprenderse. Son los nuevos esclavos del neoliberalismo, solo que no requieren de latigazos, se los propinan ellos mismos, voluntariamente:son incapaces de concebir la vida sin lo material como divisa, sin el tener como modo de ser.

La propensión a negar lo tuyo conduce a  actitudes contradictorias. Por un lado refuerza el complejo de inferioridad: lo extranjero es superior por el mero hecho de serlo. Por  otro  lado alimenta el conformismo: lo cubano es defectuoso por norma  y en consecuencia tenemos que aceptarlo. Hay otras tendencias peligrosas como  la de olvidar a figuras históricas inconvenientes por su radicalismo; quienesactúan de este modo ejercen el dudoso derecho de matar a los difuntos. Y están los recalcitrantes, los destinados a hacer todo el daño posible a quienes no piensan como ellos: estos sujetos también suelen  levantarse temprano y consultar la agenda para ver que le falta por destrozar o  a quien hay que destruir ahora.

Santiago de Cuba es una ciudad grande por sus méritos pasados y presentes; por la grandeza sencilla de sus hijos. El santiaguero es por definición guardián de su identidad, de su idiosincrasia, de valores tan arraigados que no requieren de profundas meditaciones filosóficas para conservarlos, pues se defienden con naturalidad y sencillez; quizás por eso en ocasiones ante la proliferación de actitudes negativas visibles, apenas reaccionamos y las asumimos como normales cuando no lo son. Este asunto si requiere de meditaciones  con el pie puesto en la realidad y la acción.

Ante la persistencia de inescrupulosos y deslumbrados por lo ajeno. ¿Cuál debe ser el papel de los medios de comunicación? Me lo han preguntado muchas veces, me lo he preguntado  yo mismo. Hablo en primera persona para  no implicar a nadie, ni levantar ronchas, ni despabilar temores. Creo decididamente que nuestros medios  deben asumir la realidad como totalidad, incursionar en  sus aspectos más fuertes y en sus flaquezas. Deberíamos hablar de los personajes positivos, esos que  tanto aportan a la formación cívica del ciudadano; pero no podemos obviar a sus contrarios; deberíamos estar atentos a los inescrupulosos y a los ciegos, abrirle un espacio en los medios  y emplazarlossocialmente. Eso creo.

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