Los que creen en el barrio

Santiago de Cuba, 23 de sept. – Están los que creen, los que tienen una causa; los que se bifurcan y donde dije digo dije Diego; los que jamás creyeron y no dijeron nada y los indiferentes. Están los atados a  su silla y a su informe o al asiento delantero  del carro. De estos últimos no podemos deshacernos por una razón extremadamente simple, son nuestros, nosotros mismos los criamos y tenemos que soportarlos y, ¿por qué no?, combatirlos.

Sucede, por ejemplo, que el Estado toma una decisión: aumentar los salarios a las muchas personas que laboran en el sector presupuestado y a los jubilados. Es una medida que beneficia a miles y miles  de gentes y aúnasí hay quienes se quejan porque no le corresponde ahora y olvidan que con anterioridad ellos también fueron favorecidos. Son los que piensan con los bolsillos y no son ni uno ni dos. Eso para no mencionar a los que no piensan nada y los hay. Poco ganamos con ocultar estas realidades.

Tal vez un día alguien con poder lea esta página y se moleste y  alguien con menos poder anule tu participación. Pero mente positiva, uno confía en nuestra gente y confía en la verdad, habrá que continuar diciendo lo que a los acomodados  e indiferentes no le agrada. Decir la verdad es una obligación y seguiremos cumpliendo con  el deber de hacerlo.

Intercambio con mis alumnos sobre los problemas. Le pido ética, participación, compromiso y luz larga. Le pido que continúen siendo estudiantes aplicados y si no llegan a ser brillantes que se conformen con ser buenos; que seanbuenas personas; que se atrincheren  en la verdad como escudo, que escriban con valentía, que no se conformen con los triunfos pasajeros y las lisonjas que conducen a la inercia.

Cuando nace una oportunidad le hablo de Pablo Milanés y de Silvio Rodríguez y claro de Fidel, quien entre nosotros no necesita apellidos. Cuando se dice Fidel, como diría un amigo mexicano, lo demás sale sobrando. Así de sencillo. Para mí, y disculpen la insolencia, decir Fidel es como decir el barrio. En fin, para no cansarlos, decir Fidel es como abrir las compuertas a la palabra vida.

Pienso que nuestra sociedad debe despojarse de las palabrassuperfluas y hacerlo sin temores. Tenemos la palabra resistencia, nadie nos la impuso y la palabra valentía, no la ganamos y tenemos las palabras fidelidad y dignidad, a ellas nos debemos, no importa cuáles vientos soplen ni de donde procedan las tempestades. Claro, hay otros modos decir lo mismo, pero creo que este es tan válido como cualquier otro que nazca de la sinceridad.

No pretendo alarmar a nadie que no esté suficientemente alarmado. No quiero perturbar la tranquilidad de los que se reúnen, toman acuerdos y a la hora de hacer dudan e incluso se envilecen. No deseo molestar a los que defienden con uñas y dientes sus prebendas, los que se aferran  al asiento en la oficina o en el carro. Allá ellos: la palabra historia,  que no perdona, se ocupará  de pasarle por encima.

Creo en las palabras mayores si es que las hay. En vocablos como respeto, disciplina, eficiencia, sinceridad, honestidad. Respecto al sustantivo hipocresía, me declaro no apto. Creo en la gente de mi barrio aunque en ocasiones me entran deseos de coger a algunos por el cuello. Pero no, dialogamos: no siempre estamos de acuerdo, pero siempre estamos. Y si no es bastante, por lo menos es suficiente, al menos para quienes creemos  en el país; porque el barrio es un país en miniatura.

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