Manos y corazones de oro en la Medicina cubana

Santiago de Cuba, 6 de mar.- La Medicina cubana ha conseguido un bien ganado prestigio en el ámbito nacional y fuera de las fronteras por muchas razones, como la reconocida calidad y competencia profesional de sus médicos, enfermeros, técnicos, profesores y especialistas de todas las ramas, y el altruismo con que ejercen tan noble labor.

Quienes practicanuna de las profesiones más generosasde la humanidad,también sobresalen por la capacidad de sobreponerse y obtener resultados ante adversidades y situaciones materiales de toda índole, como las ocasionadas por el bloqueo económico, financiero y comercial de los Estados Unidos contra Cuba,que se recrudece por minuto y se ensaña contra un servicio altamente sensible como el de la salud.

A ese digno ejército de batas blancas lo distingue, igualmente, su entrega y consagración al trabajo, ese amor que derrocha en hospitales, policlínicos, consultorios, con su atención esmerada y trato amable hacia los pacientes, virtudes que les permiten,muchas veces, sortear las difíciles condiciones de carencias materiales para trabajar.

El doctor Edilberto Aguilera Aldana, médico del policlínico Josué País, en el Centro Urbano Abel Santamaría de Santiago de Cuba, considera que esa manera de actuar responde a que la Escuela de Medicina cubana es muy sólida y competente en la formación de los galenos, no solo en conocimientos sino en valores, porque es humanista por excelencia.

Por su experiencia en misiones internacionalistas en Venezuela, Brasil y ahora en Tanzania, puede afirmar que en sentido general la población de otros países no concibe el altruismo de marchar a curar y salvar vidas de personas desconocidas en sitios, casi siempre inhóspitos, con la misma pasión que se labora en la Patria, por el único interés de hacer el bien.

“Hay un aspecto importante, recalca, y es que la Medicina en Cuba se basa en el método clínico, mediante el cual interrogamos primero al paciente y luego hacemos el examen físico exhaustivo que permite llegar al 90 por ciento de un diagnóstico certero, de esa manera no se aplica en otros lugares del mundo, por eso llama tanto la atención cómo lo hacemos nosotros”.

Ese talento y humanismo puestos al servicio de los demás con el único compromiso de cumplir un sagrado deber ha posibilitado, por ejemplo, que en la provincia de Santiago de Cuba en el último año hayan muerto menos niños al nacer y que fueran mayores las posibilidades de sobrevivir para aquellos que padecen cardiopatías congénitas; que hubo más personas salvadas por trasplante de órganos, incluso con donantes vivos; y que fue mejor la calidad de servicios como Cuidados Intensivos y Neonatología.

Respeto,consideración y hasta afecto hacia sus congéneres, además de calificación competente, es lo que puede explicar los resultados, a pesar de falta de recursos vitales, en el desempeño de los santiagueros que trabajan en este campo por el bienestar del pueblo, en el que destaca esa capacidad de ponerse en el lugar del paciente y evitar dolores y sufrimientos como si fueran de ellos mismos o de un familiar cercano.

Y hay historias conmovedoras que denotan ese especial desprendimiento, como las que relata la periodista Indira Ferrer Alonso en un material titulado Trabajo de ángeles, publicado por el periódico Sierra Maestra en su edición digital. Ella confesaba:

“Recordé entonces al urólogo aquejado de cáncer que no abandonó su consulta, a pesar de que urgía operarlo; a la gastroenteróloga septuagenaria que se mantiene trabajando a pesar de que cada vez tiene más dificultades para caminar; al neurocirujano que no se ha conformado nunca con las carencias y ha vivido impulsando soluciones científicas; y a la ginecobstetra que sin ser amiga, ni pariente, con desvelo de madre cuidó mi embarazo gemelar, y me apoyó incondicionalmente cuando parecía que no tendría un feliz término.

“¿No son manos de ángeles, esas que extraen a la madre un riñón, lo colocan en el vientre de la hija nefrótica y logran que ambas se recuperen? ¿Acaso no son manos de ángeles, las que abren el pecho para corregir cardiopatías; las que hacen que un niño con parálisis cerebral pueda caminar o las que devuelven a una anciana la visión? ¿No son manos de ángeles, también, las que inyectan, curan, vigilan la tensión arterial y los niveles de glucosa en sangre,…?”

Sí, realmente manos y corazones de oro abundan en el ejercicio de la Medicina cubana. Es como una especie de talismán que cura, salva, alienta, fortalece, y para orgullo de los nacidos en esta tierra no es solo privativo de Cuba, se esparce por el mundo.

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