Manual de cuestionamientos
Santiago de Cuba, 18 de may. – Un lector no identificado emite dos cuestionamientos sobre lo que escribimos; lo hace respetuosamente, y eso importa. Envía el mensaje de un correo colectivo y como debo responderle no tengo otra alternativa que hacerlo desde la página. Primero asumo el tema, luego valoro los criterios del remitente, finalmente respondo. La crítica puede ayudar,por eso la acepto y expongo mis puntos de vistas: unos disienten y otros coinciden con los del lector.
Sobre el papel de la crítica en nuestros medios es cierto que la máxima dirección del Partido Comunista de Cuba ha insistido en su práctica y aunque los avances, que son obvios, especialmente en la televisión nacional, aún no son suficientes. Pero, la crítica no es una función periodística. Una de las funciones del periodismo es la opinión sea o no crítica. Solo que cuando opinamos con profundidad sobre problemas sociales suelen aparecer disfunciones que estimulan la actitud crítica. Pero hay que ejercerla con tino, con argumentos, con propuestas si están a nuestro alcance.
Una buena crítica tiene que meterse en los entresijos de los problemas, trascender lo aparente; ser lo más objetiva posible. No podemos entretenernos en criticar asuntos que conocemos a medias, ni dañar a los objetos sobre los que opinamos ni mucho menos utilizarla para saldar deudas pendientes con los sujetos. Hay que expresarla en los espacios donde lo cuestionado tenga alguna solución. Criticamos para ayudar y si no podemos es preferible callar: el periodista es responsablede sus palabras yde sus silencios.
La crítica no es diversión. El ejercicio del criterio tiene que ser solvente, fundamentado, pensar en los contextos, interrogarse sobre su utilidad y cuando es certero debe ser bienvenido aunque nos cause ronchas, por eso debe ser oportuno y eso tiene que valorarlo quien critica, de lo contrario puede convertirla opinión en un instrumento dañino, conseguir lo contrario de lo que persigue. Si alguien lo duda ahí la está la que realizan los medios hegemónicos cuya credibilidad está en una crisis tan profunda que parece irreversible.
Respecto al otro punto que usted cuestiona: el que no escribamos sobre la Ley Helms-Burton; coincidimos en que se trata de un asunto relevante, pues este engendro jurídico puede afectar a los cubanos vivan donde vivan; si no lo he abordado es porque varios de nuestros profesionales lo han hecho con oportunidad y profundidad. Y como apenas tengo que aportar al tema, prefiero remitir a los lectores a trabajos realizados por especialistas, en particular al publicado por el periódico Juventud Rebelde el 22 de marzo pasado.
El artículo titulado: La Ley Helms-Burton no es aplicable en Cuba,recoge las respuestas ofrecidas por Carlos Fernández de Cossío, director general de Estados Unidos de laCancilleríacubana, a usuarios de Facebook y Twiter, interesados en el asunto.
Resumo las afirmaciones del diplomático quien deja muy claro que la Helms-Burton no es aplicable en Cuba, porque es una ley norteamericana y ningún país soberano que se respete permitiría la aplicación de una ley extraterritorial, mucho menos de una como esta que tiene entre sus objetivos: internacionalizar el bloqueo, perpetuarlo, disuadir a los inversionistas extranjeros para que no inviertan en Cuba, en fin, asfixiar y derrocar a la Revolución Cubana.
Concuerdo con su afirmación de que la política internacional se ha convertido en un desorden, pero por muy universal que este sea, no nos podemos sumar, ni inmiscuirnos en los asuntos internos de otros países aunque sean nuestros amigos. Lo que si puedo asegurarle es que nuestra gente no se va a dejar arrebatar lo suyo. Supongo que si a usted pretendieran afectarlo aplicándole el título III de la Helms-Burton haría lo mismo. Por lo pronto estamos atentos, con las manos en alto. El reciente desfile del 1 de Mayo es una clara advertencia.

