Mariana,como la raíz del alma, brilla con luz propia

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Santiago de Cuba, 27 de nov.- En Santiago de Cuba nunca faltan las flores ni la reverencia para honrar a la madre de todos los cubanos, Mariana Grajales, mujer valerosa que antepuso a sus sentimientos, los anhelos de independencia de la nación, ejemplo excepcional de conducta humana, lo que ensancha su mérito y la coloca en un pedestal en la historia patria.

  Precisamente en esta rebelde tierra vio la luz la excelsa mambisa, el 12 de julio de 1815, lugar que la sintió crecer con una educación ética en el seno de la familia y también la sintió elevarse en estoicismo, cuando con amor de madre y orgullo de patriota, entregó sus hijos a la causa emancipadora.

  Aunque en Kingston, Jamaica, le llegó la muerte el 27 de noviembre de 1893;en su natal Santiago de Cuba está definitivamente su tumba y desde el 10 de octubre de 2017 en el área central patrimonial del cementerio Santa Ifigenia, junto al Héroe Nacional José Martí, el Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes y el eterno líder de la Revolución Fidel Castro, donde el mundo rinde tributo a los fundadores de la nación.

Un patriota que la conoció  muy bien y admiró en los campamentos y escenarios de batallas en la lucha independentista, el mayor general José María Rodríguez Rodríguez (Mayía), enterado tarde de la triste noticia de su fallecimiento, a los 85 años, subrayó meses después del suceso:

  “Pobre Mariana, murió sin ver a su Cuba libre, pero murió como mueren los buenos, después de haber consagrado a su Patria todos sus servicios y la sangre de su esposo y de sus hijos. Pocas matronas producirá Cuba de tanto mérito, y ninguna de más virtudes.”

“¿Qué había en esa mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como la raíz del alma, con suavidad de hijo, y como de entrañable afecto?”, resumió José Martí en el periódico Patria, ante la muerte de la mambisa.

  Para el estudioso de la familia Maceo-Grajales, historiador y periodista, Joel Mourlot Mercaderes, es Mariana madre excepcional de Cuba, la que parió, educó hijos virtuosos, y alcanzó la supervivencia a 11 vástagos en el ejercicio de las mejores cualidades humanas, un logro extraordinario que la sociedad debe justipreciar siempre.

  La periodista cubana Argentina Jiménez, (ya fallecida), en uno de sus artículos, expresa que la nombran la Madre de los Maceo,  la Madre de todos los cubanos, la Madre de la Patria, y Martí la llamó Mariana Maceo, apellido de hombres valientes, corajudos, inscritos para siempre en la historia; mas, Mariana Grajales brilla con luz propia.

Su gloria no se circunscribe únicamente a que gestara y pariera una legión de héroes; su estatura se encumbra mucho más al instruir a sus descendientes para que fueran hombres y mujeres de bien, y forjar  artífices en la lucha por la independencia de la nación del colonialismo español.

  Destaca en los episodios de su existencia aquel grito heroico de “fuera, fuera de aquí no aguanto lágrimas”, recreado por Navarro Luna en su poema, unmensaje que  retrata de cuerpo entero a esta mujer, inmortalizada por la forja de valientes y fieles soldados como nacidos para la libertad, entre ellos hombres de la talla de Antonio y José Maceo.

 Todo bondad y ternura con sus hijos, pero severa en la disciplina, se las ingenió para fraguar una familia sustentada en sólidos valores, unida ante el dolor y la felicidad.  Rebosante de alegría les hizo jurar de rodillas libertar a la Patria o morir por ella, aunque era innegable que su corazón de madre palpitase ante la posibilidad de la muerte, por heroica que fuera, de algunos de sus descendientes.

  Se alzaba estoicamente por encima del sufrimiento como cuando vio morir por falta de alimentos adecuados, medicina y médico, y lo inhóspito del lugar, a la primogénita de Antonio, la primera nieta,  y a su segundo nieto siete días después de nacer; hasta ante la muerte se imponía su extraordinario temperamento.

  Huellas le dejó ese cuarto de siglo en combate sin tregua por la soberanía de Cuba desde la pequeña hacienda de Majaguabo, en San Luis, y el peregrinar de 10 años por la manigua redentora, sin un minuto de flaqueza, viviendo en cuevas y otros parajes similares a los de  los cimarrones,  cruzando ríos, subiendo montañas, bajo la lluvia o el sol ardiente. 

  Pero ella conservó la dulzura propia de su fecunda maternidad, por lo que se le recuerda con sus ojos de madre amorosa y pañuelo en la cabeza, como si fuera una corona, en su existencia azarosa, pero edificante.

Las marianas de estos tiempos la veneran con orgullo porque beben de su savia y ejemplo, como la santiaguera Mariana Castillo Felicó, quien considera que lo más importante es honrarla cada día, haciendo realidad su legado, para que las nuevas generaciones se formen con el espíritu de ella como ser humano y en la educación de sus hijos.

Por: Aída Quintero dip.

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