Martha y su amor por el cementerio Santa Ifigenia

Martha Hernández Cobas, labora en la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago como historiadora, desempeña su trabajo como Guía del Cementerio Santa Ifigenia lugar patrimonial de esta ciudad la heroína. Santiago de Cuba, 14 de junio de 2017. ACN FOTO/Miguel RUBIERA JUSTIZ

Santiago de Cuba, 20 de dic.-A la santiaguera Martha Hernández Cobas la reconocen como una apasionada sempiterna de la historia Patria, que la domina al dedillo, con una capacidad innata de transmitir emoción cuando rememora hechos y personajes que dieron gloria a la nación.

 Ese amor, cual semilla, resultó vital en su formaciónlo que justifica la predilección por la carrera de Historia que cursó en la Universidad de Oriente, desde donde egresó en 1981 para convertirse en una sobresaliente profesional.

  “En mi condición de especialista de la Oficina del Conservador de la Ciudad soy una de las guías del cementerio patrimonial Santa Ifigenia, un honor que me ha permitido atender a personalidades y delegaciones de alto nivel que van a rendir tributo a nuestros muertos amados”, dice con placidez en el rostro.

   “Yo siento un cariño profundo, muy grande por ese sitio sagrado de la Patria; si nosotros no cuidamos a nuestros muertos, si no perpetuamos su legado, quién lo va a hacer?”, se pregunta Martha convencida de la trascendencia de su labor.

“Tuve la gran posibilidad de desempeñarme al lado de Arturo Duque de Estrada, que presidía la Comisión provincial de Monumentos, un hombre sensible, amante de la misma historia que forjó con su coraje; fue el secretario de Frank País en tiempos de la lucha clandestina, y yo aprendí tanto de él que le agradecí siempre”, subraya.

  Hay sucesos que la han marcado como 1995, centenario de la caída en combate de José Martí cuando se hace la primera restauración capital del mausoleo que atesora sus restos, y la realización del nuevo guión museográfico y museológico del museo Emilio Bacardí, primero fundado en Cuba, tras varios años cerrado.

  Otros hechos que rememora en sus más de 20 años de faena vinculada con el patrimonio funerario es la identificación de personas enterradas, de las cuales no había documentos por lo que hubo que buscar a forenses y familiares para colocarlas en sitios destacados, como es el caso del trovadory compositor fecundo Antonio Fernández Ortiz, Ñico Saquito.

  “Y cuando se estaba haciendo el Sendero de los trovadores y  restauraban las tumbas de Pepe Sánchez, Ñico Saquito, Miguel Matamoros y Emiliano Blez tuve la posibilidad de intercambiar varias veces con el Comandante de la Revolución Juan Almeida, quien me impregnó su sensibilidad, preocupado por mejorar el cementerio, y la vida y condiciones de los trabajadores.

  “La última visita de Fidel en 2006 la tengo grabada en mi corazón, lo acompañaba Ignacio Ramonet que preparaba su libro Cien horas con Fidel, nunca pensé que un día tendría el doloroso deber y privilegio de hablar del gran significado de su vida y de su obra desde el modesto monolito que guarda sus cenizas”, expresa con emoción la historiadora.

Ella guarda con celo uno de los últimos testimonios: la visita de Rafael Correa, ex presidente de Ecuador, quien tras el tributo a dos de los padres fundadores de la nación cubana: Martí y Fidel, quiso quedarse solo unos 15 minutos para que le explicara más detalles de ese museo a cielo abierto.

  “El tiempo pasó y se convirtió en una hora, Correa quería saber más y más del sagrado lugar, estaba impresionado, fue a la tumba de Frank, a la de Compay Segundo y me confesó que amaba los cementerios porque nació al lado del de Guayaquil, allí jugaba desde muchacho y después iba a rendir homenaje a familiares y amigos”.

 Martha ha representado a Cuba en eventos de la red de cementerios patrimoniales latinoamericanos en Perú, Colombia y México, donde han cautivado sus exposiciones del camposanto santiaguero que con mucho orgullo ha defendido y divulgado más allá de las fronteras nacionales. 

  Esta vocación le nació desde la infancia, pues un ambiente patriótico, de historia viva, rodeó a quien residía frente a la casa de los hermanos Marañón, mártires de la Revolución, su padre era miembro del Movimiento 26 de Julio y su abuelo del Partido Socialista Popular.

  Al morir su papá, siendo ella una niña, los domingos visitaban asiduamente el cementerio Santa Ifigenia a ponerle flores como expresión de respeto y cariño, y así comenzó Martha a venerar a José Martí, Carlos Manuel de Céspedes, Mariana Grajales y otros tantos patriotas y héroes que atesora el camposanto.

  Así nació un amor al que nunca ha renunciado. Ahora tiene nuevos motivos para venerarlo, desde que el 4 de diciembre de 2016 las cenizas del líder histórico de la Revolución cubana Fidel Castro fueron sembradas allí como fértil semilla.

Por: Aída Quintero Dip.

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