Martí y los poetas de la guerra

Santiago de Cuba, 18 de mar. – El 24 de febrero, hace 125 años de una sola Revolución, y estamos enhiestos. Por eso celebramos esa fecha con honor. JoséMartí, el Héroe Nacional de Cuba, fue el organizador de la nueva etapa de la guerra anticolonial y lo hizo acompañado por la literatura, en especial por la poesía que, aunque cambie de vestimenta -como cambian los tiempos- se ha mantenido firme. En Cuba lapoesíaparticipó en la lucha por la independencia; contribuyó, incluso antes que comenzara la Guerra de los Diez Años, en 1868.

Entre los antecedentes hay que nombrar al poeta santiaguero José María Heredia. En el despertar de la conciencia independentista textos heredianos como El himno del desterrado (1825), revelan los anhelos revolucionarios de su tiempo y sobre todo en el conocido poema La oda al Niágara, evocación de la patria lejana, línea poética que fusiona naturaleza, mujer y patria, los tres grandes amores del bardo santiaguero.

El conocido historiador Torres Cuevas señala que en la segunda mitad del siglo XIX la situaciónpolíticaobligó a los intelectuales cubanos a una definición: debían optar por una Cuba independiente y cooperar o marginarse del proceso conducente a la libertad: “Para orgullo nacional debe apuntarse que, de manera abrumadora, la intelectualidad cubana se sumó a la tarea histórica fundamental de aquellos tiempos”.

La canción independentista tiene como ejemplo supremo, al decir del citado historiador, el Himno Nacional, cantado en octubre de 1868, a raíz de la toma de Bayamo. El himno fue compuesto por Perucho Figueredo, uno de los autores que aparecen en la recopilación conocida como Los poetas de la guerra, colección de versos reunida por el general mambí Serafín Sánchez, publicada por primera vez en 1893, con prólogo de José Martí, como homenaje a la intelectualidad cubana comprometida con la independencia durante la Guerra de los Diez Años.

Esta antología recoge parte de la poesía escrita por los participantes en la contienda, publicada en los periódicos de la manigua – hubo alrededor de 20 – o trasmitida oralmente. El grueso de la producción poética, que se trasmitía de campamento en campamento, se perdió: el intento por recuperarla se frustró al extraviarse durante los avatares de la Revolución. La única recopilación que queda es la prologada por el Apóstol, selección cuyo mérito mayor radica “en su propósito de enaltecimiento de la patria y de conversión de la poesía en un arma de combate”, como se afirma en el Perfil histórico de la letras cubanas.

Entre los autores seleccionados por Martí se cuentan a José Joaquín Palma, en cuyos poemas predominan el tema de la patria y la inmigración; al poeta Villareño Antonio Hurtado, quien aporta el mayor número de textos a la antología. Hurtado revela preocupaciones muy progresistas para su época como la participación de la mujer en la guerra o la presencia del esclavo recién liberado en el combate. También hay que destacar a su coterráneo Miguel Jerónimo Gutiérrez, poeta coloquial y a Ramón Roa, autor del formidable testimonio A pie y descalzo.

El resto de los autores no eran fundamentalmente poetas, pero sobresalieron en otras manifestaciones literarias, el periodismo o el estudio de la historia. Aquí se pueden mencionar al cronista de la guerra: Fernando Figueredo, al periodista Francisco la Rúa y al citado Perucho Figueredo. El mismo Martí destaca en el prólogo que el libro Los poetas de la guerra, con independencia de sus valores estéticos, que los tiene, sobresale por su valor patriótico, observación significativa, porque la poesía cubana es portadora de una tradición de servicio vigente; es como, diría otro poeta grande: “Un arma cargada de futuro”.

Deja una respuesta