Meida, cocinera del Ejército Rebelde a los 13 años

Meida Cueto Pineda. Foto de la autora.

Santiago de Cuba, 8 de oct.- “Lo único que he hecho en mi vida es trabajar y servir a la Revolución, ese es mi único premio, mi gran trofeo”, confiesa Meida Cueto Pineda, quien ha echado raíces en Santiago de Cuba, una tierra que aprendió a querer como suya aunque nació en Baracoa.

 Es una mujer de la Revolución, como ella misma se define, que irradia tanto ejemplo y valores que sería un sacrilegio no revelarla, cuando estamos a las puertas del aniversario 60 del triunfo de una gesta que ayudó a forjar.

En la sencillez, radica la grandeza de quien a los 13 años cocinaba y lavaba la ropa de los rebeldes que enfrentaban  a la tiranía de Fulgencio Batista allá por los montes de La Panchita, en Vega del Jobo, Baracoa, de la provincia de Guantánamo.

Rememora que cuando los “barbudos” iban a atacar algún sitio tenían que preparar comida a veces para unos 80 hombres, ella ayudaba a su madrina, Blanca Leyva, en cuya casa la acogieron, pues su familia era humilde y la miseria no alcanzaba para alimentarla junto a sus 11 hermanos.

“Era hábito del lugar y de la época lavar en el río donde apenas podíamos   tender la ropa, pues si los aviones enemigos las detectaban era muy peligroso, ahí mismo empezaba el bombardeo”, recuerda.

Aquellos tiempos fueron crueles, muy difíciles, y ella se alzó sobre sus propios pies para desafiarlos, prefiere olvidarlos pero sabe lo importante de que las nuevas generaciones conozcan bien la historia para defenderla mejor.

 “Cuando triunfó la Revolución fui la persona más feliz de la tierra, esa sensación de libertad fue tremenda, después de estar en medio de la guerra, sentir bien cerca las metrallas y el peligro de morir, si no de hambre, de los ataques de la aviación”, manifiesta.

Apenas lograda la victoria de 1959, en aquellos años fundacionales, lo mismo se movilizó para el corte de caña, la recogida de café, o la defensa de la Patria, cuando la participación de cada cual era vital para el progreso de la incipiente Revolución, rodeada de peligros por todas partes.

“Me integré al proceso por completo, milité en la Unión de Jóvenes Comunistas, entonces Jóvenes Rebeldes, fui de las primeras en las Milicias Nacionales Revolucionarias y reguladora del tránsito como auxiliar del Ministerio del Interior”, señala.

“Hoy he recibido el honor de ser una colaboradora del Ejército Rebelde por mi respaldo cabal en los días de lucha insurreccional,  qué mayor orgullo puede una cubana sentir en su vida”, expresa sonriente, conmovida.

Se califica ella misma y lo confirman quienes la conocen bien como una mujer muy servicial, que siente placer con prestar ayuda a todo el que la necesite; amante de la justicia, no extraña saberla juez lego en el municipio de Santiago de Cuba por más de 20 años.

Prestó servicios cuando el ataque al aeropuerto santiaguero Antonio Maceo, como preludio de la invasión mercenaria por Playa Girón, y cuando en 1963 el ciclón Flora azotó el oriente cubano, pues ante cualquier contingencia ella  siempre da el paso al frente.

 Ahora jubilada, con 73 años, confiesa que nunca temió a largas jornadas, como dependienta, cajera, recaudadora, administradora en el Comercio y la Gastronomía, entrega que forjaron en ella un carácter fuerte pero un corazón bondadoso que derrocha simpatía en el Centro Urbano Abel Santamaría donde vive.

Habla con orgullo de sus hijas Eva María y Yelisa, y sus nietas Carolina y Meilín Reina, quienes le dan una vitalidad increíble para seguir adelante. El otro gran premio que enaltece la vida de Meida Cueto Pineda.

“Las amo intensamente, siempre les enseñé a vivir una existencia plena,  buscar y hallar la parte positiva de cada situación y fomentar valores en sus descendientes.

“Me sacrifiqué mucho, no lo niego, para que ellas fueran personas de bien, quedé viuda cuando eran pequeñas, me esforcé para que se prepararan, me dieron el mejor regalo, ambas son licenciadas y excelentes trabajadoras”, dice con satisfacción.

Por: Aída Quintero Dip.

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