Millones de niños trabajan para sobrevivir: Ninguno de ellos es cubano

Santiago de Cuba, 12 de jun.- Como cada mañana mientras dura el curso escolar, este miércoles 12 de junio José Carlos viste su uniforme  para ir a la escuela. Su única preocupación es llegar temprano, reencontrarse con su maestra y amiguitos del aula, dar clases para aprender algo nuevo en cada una de las asignaturas y en las  tardes encontrar el tiempo adecuado para repasar lo aprendido, jugar con los niños del barrio y compartir con la familia.

A él con los 10 años vividos,  ni se le ocurre pensar que se celebra hoy en todo el planeta el Día Mundial contra el trabajo Infantil. Mamá, papá y abuelos están ahí siempre pendientes para que su vida sea agradable, para propiciarle una niñez tranquila y se sienta bien.

Lo que hace José Carlos, se reitera en cientos de hogares de Santiago de Cuba donde hay infantes en edad escolar. Cuba tiene el mérito de  contar con una infancia feliz. Los niños tienen el derecho a la vida desde que comienza a formarse en el vientre de su madre, antes de nacer tienen  nombre y ocupan un lugar en nuestra sociedad.

Por ello hoy cuando se celebra en todo el planeta el Día Mundial contra el trabajo Infantil aplaudimos el esfuerzo del gobierno revolucionario por materializar el pensamiento martiano “Los niños nacen para ser felices” y  lamentamos  que unos  168 millones de pequeños en el mundo,  en vez de ir a la escuela, de jugar, ir a un Parque de Diversiones,  se dediquen a trabajar, para poder sobrevivir y ayudar a la familia.

Hoy por hoy, unos 168 millones de niños trabajan en el mundo. Según relata Naciones Unidas  “Ellos no van a la escuela y no tienen tiempo para jugar. Muchos no reciben alimentación ni cuidados apropiados. Se les niega la oportunidad de ser niños. Más de la mitad de estos pequeños están expuestos a las peores formas de trabajo infantil en ambientes peligrosos, son tratados como esclavos, y  realizan múltiples formas de trabajo forzoso, actividades ilícitas incluyendo el tráfico de drogas y prostitución, así como participan involuntaria en los conflictos armados”.

Que en pleno siglo XXI tengamos que leer tal afirmación duele. Lástima que el Señor Donald Trump, Presidente de los Estados Unidos no se detenga por un instante en leer esta cifra para que se estremezca su corazón y se sensibilice con un problema global que podría cambiar, si quienes manejan el poder y el dinero  unieran fuerza  para socorrer a quienes como escribiera Martí, “…son la esperanza del mundo”. 

Hace 100 años  la Organización Internacional del Trabajo (OIT)   promueve el trabajo decente y se pronuncia en favor de la protección de los niños, y un siglo después esta es la realidad, millones de pequeños en el planeta piden ayuda. Hoy no es posible pensar siquiera en que haya una verdadera  conciencia para que se haga realidad lo que promueve la OIT: Los niños no deberían trabajar en el campo, sino en  sus sueños. Mientras esta situación ocurre en la mayoría de los países del planeta, en Santiago de Cuba, José Carlos desde bien temprano amaneció con sus sueños. Seguro al concluir la jornada, se sentará frente al televisor y estará complacido. Pero en la noche cuando den la noticia volveremos a ver por la televisión que hoy en  el  Día Mundial contra el trabajo Infantil, millones de niños y niñas claman justicia y derechos… Pero ninguno de ellos es cubano.

Deja una respuesta