Misiones emanadas de un 26 para los 26 que vendrán

Santiago de Cuba, 5 de ago. – «La Revolución, que necesita ahora que demos la gran batalla por la defensa y la economía, que le rompamos al enemigo el plan de destrozarnos y asfixiarnos, precisa, al mismo tiempo, que fortalezcamos en nuestra gente la espiritualidad, el civismo, la decencia, la solidaridad, la disciplina social y el sentido del servicio público»

Ese párrafo del discurso pronunciado por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, en ocasión del aniversario 66 del asalto a los cuarteles Moncada y  Carlos Manuel de Céspedes, celebrado en Bayamo;  encierra resumidamente las misiones vitales que tienen los cubanos por delante para avanzar en la construcción de un mejor país para todos.

Primeramente, en la mira está la gran batalla por la defensa de la Patria, pues se sabe muy bien del sacrificio que costó la conquista de la libertad, sin la cual no hay futuro; por lo cual hay  que preservarla a toda costa y a todo costo para seguir en la edificación del socialismo próspero y sostenible que nos hemos propuesto.

Para lograrlo hay que identificar las reservas de eficiencia y potenciarlas, ya que pueden encontrarse en la calidad de lo que se produce y crea, en el ahorro de recursos materiales y financieros, en la preparación y calificación de la fuerza técnica, la disciplina y responsabilidad en cada puesto, en aras de aportar conscientemente a la otra gran batalla, la de la economía.

 Una dosis importante en el interés de alcanzar esos objetivos la tiene el auge de la industria nacional, así como la producción para el incremento de las exportaciones y que tributen a la disminución de la sustitución de importaciones

Para trabajar con la alegría y el empuje que caracteriza a este pueblo también debe  alimentarse su espiritualidad, fomentar su gusto estético para apreciar y disfrutar el arte en toda su hondura y diversidad.

No estaría completo este panorama si no se fomentaran los valores de nuestra gente, sobre todo de las nuevas generaciones en busca de la forja de hombres y mujeres más laboriosos, honestos, respetuosos, solidarios, que obren con humildad e inteligencia en pos del bien colectivo.

Una convocatoria propia de un país empeñado en avanzar y cosechar éxitos en todos los frentes de la vida socioeconómica, reclama cultivar asimismo la decencia, el civismo, el respeto y evitar las indisciplinas sociales que tanto nos perjudican y laceran como pueblo.

Meida Cueto, una mujer jubilada que crió sola a sus hijas tras la muerte del esposo, sabe bien lo que significa formar personas de bien sobre la base del  rigor en  la disciplina y responsabilidad, sin faltar el afecto y el abrazo o el beso para premiar una buena acción de los descendientes. Esa es su fórmula

“Así se ayuda a que ellos al asumir su papel, cuando sean mayores, actúen igual con sus hijos, inculcándoles valores para que sean decentes, tengan civismo, eviten la vulgaridad, el irrespeto y la chabacanería tanto en el trato con otras personas como en sus propias acciones como seres que se desenvuelven en una sociedad”, subraya.

“El discurso del Presidente cubano dejó bien claro que la defensa del país es tarea de primer orden y para asegurar ese porvenir luminoso a nuestros hijos y nietos, hay que enfrentar con firmeza las amenazas del enemigo imperialista que recrudece el criminal bloqueo con el fin de socavar la Revolución”, diceel joven trabajador Enrique Corrales Rodríguez.

Que poco nos conocen, reflexiona Corrales Rodríguez, deseo repetir con claridad que si osan pisar el suelo sagrado de la Patria en son de guerra, encontrarán un país listo a defender su soberanía a cualquier precio, estamos dispuestos a no volver jamás al pasado, una convicción que suscribe todo el pueblo, recalcó.

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