Mujeres santiagueras. Un ideal, un ejemplo, una continuidad.

Santiago de Cuba, 8 de mar.-A ella todos en la comunidad la conocen por Maita.  Cuando uno llega a San Pedrito y  pregunta ¿Dónde vive Paula?, por lo general las personas se sorprenden porque la costumbre es llamarla por ese seudónimo que la  acompaña desde que hace muchísimos años, en la década de los 50, llegó al lugar donde vive hoy: Guardado número 60.

Para esta señora sus 102 años constituye una carga muy valiosa porque su hermosa trayectoria la acompaña y la lleva en su mente como un tesoro que comparte con familiares y con sus amigos.  Aunque para   dejar constancia de cómo fue su vida antes del Triunfo de la Revolución y lo es hoy, escribió su libro: Testimonio de Paula  Cupull Reyes. Cronista de San Pedrito,  que vio la luz  en el 2015.

Mujer a toda prueba, Maita nunca se detuvo, y a pesar de su pequeñita estatura ella fue de las féminas que se incorporó  a la lucha clandestina y además llegó a ser mensajera de la Sierra Maestra para la tropa del entonces Capitán Fernando Vecino Alegret, en el Tercer Frente Oriental Mario Muñoz Monroy.

Cuando el 23 de agosto de 1960 el líder cubano Fidel Castro Ruz y la heroína Vilma Espín Guillois fundaron la Federación de Mujeres Cubanas, ya Maita tenía su decisión de mantenerse a la vanguardia ante el llamado de la Revolución triunfante. Y fue precisamente en su vivienda donde se constituyó la primera Delegación de la FMC en este territorio oriental del país, aquel 13 de enero de 1961. Paula fue la tesorera  de ese ejecutivo.

Mucha historia tiene Maita,  estos son solo algunos argumentos para tener presente a esta  santiaguera, que mantiene su mente muy lúcida,  en este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

Ejemplo de mujer  de su tiempo, defensora de los principios de la Revolución, batalladora por sus sueños y por lo que cree, es Sara Inés Fernández, museóloga de profesión,  y con el detalle de trabajar cada día para preservar el patrimonio de Santiago de Cuba que se conserva en las instituciones culturales,  en las calles y en las gentes.

Jubilada  del Museo Emilio Bacardí, Sarita, como le dicen sus amigos más cercanos no se detiene ante nada. Ella misma dice que sus casi 80 años no  les bastan para sentirse satisfecha con lo realizado hasta aquí,  “porque siempre hay algo nuevo que descubrir, hay cosas por hacer, hay  misiones que ordenar”.

Sara vive en el Centro Urbano Abel Santamaría, y entre sus recuerdos hermosos está el haber sido Secretaria General del Sindicato Provincial de Cultura a finales de  década de los 80 y principio de los 90,  una etapa  bonita del movimiento obrero, en que la emulación sindical se hacía sentir. Claro, afirma. “no resultaba fácil ser mujer, tener responsabilidades como madre y como esposa y dirigir un sector tan complejo como el de Cultura por la diversidad de actividades a atender”.

Pero ella cumplió y dedicó esa parte de su vida a estar al lado de los trabajadores hasta que retomó su función en el Museo Emilio Bacardí, y luego de jubilarse se dedicó al proyecto socio comunitario «De la ciudad, las calles y sus nombres», el cual atiende hasta hoy y le ha dado mucho placer.

Fundadora de la Federación de Mujeres cubanas y conocedora de todo lo que la Revolución ha hecho por la igualdad de las féminas, Sara agradece hoy, 8 de marzo estar  presente en  la festividad por el Día Internacional de la Mujer,  y dice que “mientras tenga aliento, lo dedicaré a este proyecto, pues aquí contribuyo  a salvar la cultura, la identidad, la nacionalidad que se conserva a través del nombre de cada una de nuestras calles, de la historia que se encierra en los lugares que ni imaginamos y en  una ciudad patrimonial como lo es Santiago de Cuba”.

Quienes ven a  María Elena Martínez Carcasés,   la saludan con un ¿Cómo está Doctora?.

 Ella se ha ganado ese cariño de su comunidad  por la forma con que cada día atiende a sus pacientes.  Todos hablan  maravillas de Mary  por su cariño, por la paciencia y porque entiende muy bien que cuando alguien asiste al estomatólogo se impresiona solo de escuchar el sonido de la maquinita que va a  obturar el diente o la muela para sanar la caríes.

Residente en el Reparto 30 de noviembre,  esta mulata sencilla que ama su profesión, fue de las primeras estomatólogas santiagueras que viajó a la República Bolivariana  a colaborar con ese hermano país,  y tiene anécdotas de la operación sonrisa para devolverle el brillo y esplendor de la expresión a venezolanos y venezolanas.

La guantanamera devenida santiaguera desde que ingresó al Instituto de Ciencias Médicas,  de la segunda capital del país, conoció un mundo distinto cuando estuvo en Venezuela, donde vivió las consecuencias del pluripartidismo,  lo engorroso de unas elecciones,  las consecuencias de la muerte de Hugo Chávez  y la violencia de un país  con una oposición alentada por los Estados Unidos.

“En mi Cuba soy feliz. Tengo familia, amistades, mi trabajo, hay tranquilidad y disfruto de  derechos. Nací con la Revolución a ella debo mis principales logros. Nadie me dice que  no puedo entrar a un Restaurante, a una unidad  comercial,  y atiendo a todos por igual. A mi hija la eduqué en ese principio y así lo haré con mi nieto. Soy cubana, seguidora de las luchas de Vilma  y siento mucho orgullo por ello”

Así se expresó María Elena quien en su colectivo laboral, en el Policlínico Municipal,  disfruta este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

Ellas son tres féminas laboriosas y consagradas. Viven a tono con la etapa que les corresponde. Tienen de común  la alta autoestima de ser  mujer y federadas, amar a la Revolución Cubana y a  su Santiago  de Cuba, trabajar y satisfacer a quienes le rodean  y mantener ese rostro lleno de alegría y de optimismo porque saben que el futuro les pertenece. 

Por: Agustina Bell Bell.

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