Museo del Carnaval de Santiago, reliquia de mi ciudad

Santiago de Cuba, 6 de oct.- Los santiagueros poseen un ardor peculiar, una gracia simpar para el baile y la música, puestos  de relieve en su más alto grado cuando se celebra el Festival del Caribe o si toca la corneta china anunciando que es hora del Carnaval.

Esa es su mayor fiesta con fama nacional, que en sus orígenes del siglo XVII y todo el siglo XVIII tenía predominio de la música española, luego la guitarra es sustituida por el tambor africano a finales del XVIII y primera mitad del XIX hasta nuestros días.

Tal simbiosis de percusión y ritmos, con la conga como elemento emblemático, que le insufló vida a los festejos se recoge en el Museo del Carnaval, único de su tipo en la nación que cumple la función de resguardar tan valioso patrimonio.

Una vieja casona colonial, en la céntrica calle Heredia, de la urbe suroriental, es el sitio donde converge la historia de una de las tradiciones populares más enraizadas en el pueblo, que consiste en comparsas, congas, carrozas, bailes, corneta china que hacen mover los pies y hasta los techos de las viviendas.

 Desde 1981 el inmueble sirve a la Comisión del Carnaval, encargada entre otras tareas, de la organización de las autóctonas fiestas.

Dos años más tarde se concreta la ejecución de un museo que muestre la evolución de esta manifestación a través de secuencias fotográficas con textos explicativos, cronologías, objetos e instrumentos musicales utilizados en su realización.

La institución, restaurada con motivo de los 500 años de la villa, en julio de 2015, muestra las tres etapas más importantes del Carnaval santiaguero, en la Colonia, en la República Mediatizada y después del triunfo de la Revolución, en enero de 1959.

Quien recorre sus salas podrá apreciar la historia del Rumbón Mayor, como suele nombrarse, que tuvo origen en las procesiones religiosas del 25 de julio, dedicadas a Santiago Apóstol, además de importantes objetos que constituyen elementos de esa tradición como maquetas de carrozas, trofeos, pendones, vestuarios, capas y adornos de calle.

La instalación tiene un área consagrada a los instrumentos musicales de las agrupaciones más significativas en esas fiestas: cabildo carabalí, tumba francesa y conga santiaguera, y con un patio donde se dan cita los más conocidos grupos folclóricos que recrean sus bailes tradicionales.

Julio es un mes peculiar para los nacidos en este pedazo del archipiélago, en julio les esperan días de homenaje, de fiesta, de calles repletas de canto y de folclore; de gente expresando toda la alegría que alberga en el corazón y la fuerza que le viene de sus ancestros.    

Por: Aida Quintero Dip.

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