Muy necesario es hoy el legado de la filosofía martiana

Santiago de Cuba, 23 de nov.- La urgencia de una reflexión  filosófica y cultural profunda constituye un imperativo de los tiempos de cambios que vivimos,  y el legado que nos legó en tal sentido el Apóstol de la independencia de Cuba, José  Martí, es imperecedero, es necesario.

  En 1887, al analizar con visión premonitoria los peligros que se gestaban  desde Estados Unidos, Martí indicó: “Se van levantando en el espacio, como inmensos y lentos fantasmas, los problemas vitales de América: -piden los tiempos algo más que fábricas de la imaginación y  urdimbre de belleza. Se puede ver en todos los rostros y en todos los países, como símbolos de la época, la vacilación y la angustia. El mundo entero es hoy una inmensa pregunta”.

  Ha transcurrido mucho más de un siglo de esas palabras y conservan una vigencia renovada. ¿Cómo responder a esta interrogante en el siglo XXI cuando el desafío se presenta de una manera más dramática y universal?

Los cubanos, por suerte, contamos con el arsenal de ideas filosóficas presentes en el pensamiento de José Martí, un cubano universal, un hombre para todos los tiempos.

  Tenemos el privilegio de conocer sus concepciones  acerca de lo que él llamó “la ciencia del espíritu”;  las ideas expresadas con belleza poética en los versos de  “Yugo y Estrella” o sus esbozos de gran valor en el campo de la pedagogía en relación con los vínculos, por ejemplo,  entre la bondad y la inteligencia.

  Asimismo nos apropiamos de su concepto de que todo hombre lleva dentro una fiera dormida, pero al mismo tiempo somos seres admirables capaces de ponerle riendas a la fiera.

  Los criterios en torno a la importancia de la educación y la cultura en la liberación humana, o sus ideas éticas y estéticas y la relación entre estas: “o nos condenan juntos/  o nos salvamos los dos”, tienen asombrosa  vigencia y utilidad para esta época.

  Ocurre igual con las  concepciones sobre el equilibrio del mundo,  analizadas tanto en lo individual como en lo social, y en su dimensión universal.

Es que en José Martí hacen síntesis  valores  y conocimientos  diversos. La tradición bolivariana  y latinoamericana que el Héroe Nacional cubano enriqueció  con su vida en México, Centroamérica y Venezuela,  y las ideas y sentimientos antiimperialistas  surgidos desde las propias entrañas del imperio yanqui,  donde vivió por más de 15 años,  y  completó allí su pensamiento político, social y filosófico desde la óptica de los intereses latinoamericanos.

  Fue, realmente, el analista  más profundo sobre la realidad norteamericana de la última mitad del siglo XIX.

  José Martí encarna el símbolo más alto de dos siglos de historia cubana y americana. Una cultura que desde su gestación y nacimiento está volcada hacia la acción y vinculada,  por tanto,  a los problemas inmediatos y acuciantes de la actualidad.

El compromiso de sus seguidores debe ser solo uno: pertrecharse aún más de la valía de su obra e ideas y emplear mucho mejor los verbos amar, pensar, si quieren asumir el mensaje martiano y enfrentar los desafíos que  hoy tiene ante sí la humanidad para salvaguardarla.

Por: Aída Quintero Dip

 

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