Nuevamente sobre los servicios

Santiago de Cuba, 8 de feb.- Pido permiso para insistir en el tema de los servicios, esta vez para hablar del esfuerzo realizado en diversas áreas, en particular en la gastronómica, el fin de año. Respeto a los críticos cuando opinan con solvencia, no puedo hacer los mismo con los que critican por vocación de desacuerdo y a quienes me gustaría invitar a que se pongan en el lugar de los criticados, en la piel ajena para que sepan cuanto sufrimos cuando amamos la profesión y no podemos lograr lo que quisiéramos. Más, los servicios de fin de año fueron tan contundentes que es difícil encontrar alguien capaz de hablar negativamente de ellos.

Tuve la posibilidad, como cualquier santiaguero de andar por las calles, de caminar, escuchar y comprar. Nadie me orientó que lo hiciera, aunque hay quienes saben que lo haría. En esta misma página hemos abordado el problema a partir de dos consideraciones: primera, el mal servicio no existe o no debería existir: existe el servicio que es bueno o debería ser bueno, por definición; segunda, la calidad es un todo compuesto por elementos inseparables como la presentación del producto, la cantidad, la variedad, el precio y otros atributos que conforman un producto dado y que son inseparables del conjunto, como la durabilidad, el peso, el sabor y otros elementos.

La calidad es una suma. Todavía no entiendo a quienes se empeñan es separar sus partes. Es un todo que debe ser apreciado desde sus particularidades, las cuales finalmente vuelven a su origen, a la totalidad, si la cual no existen. La calidad del servicio a diferencia de la del producto no es en lo fundamental asunto de tecnologías, depende en primera instancia de las personas, de quienes realizan el servicio y de quienes lo valoran. Eso sí, para dar calidad hay que ser personas de calidad.

La apreciación de la calidad tiene que valorar los contextos. No puede exigirse igual a las ventas en una feria abierta en una calle que a un servicio profesional brindado en un restaurante, ni este último se puede medir sin tener en cuenta la categoría del establecimiento. En fin la operación de valorar la calidad no puede realizarse a partir de esquemas – que en otros casos funcionan porque son necesarios para agilizar procesos y organizar la vida. Por eso, sorprende que haya personas que cuestionan las ferias callejeras sin repararen el esfuerzo que implica desarrollarlas y, sobre todo, en las necesidades que satisfacen.

En Santiago de Cuba no estamos obligados a ir a restaurantes particulares como Terrazas La Caridad, cooperativas como el Zun Zun, ni al Club Santiago; ni pedirle a Carlos Bacquié que diseñe y ejecute en su talleralgún producto ornamentalnecesario, ni ir a Plaza de Marte a un lugar que se llama Swing Latino, para entender la lógica existente entre el trabajo por cuenta propia y la responsabilidad social. No estamos obligados a ir al Ocio Club y mucho menos al Hotel Santiago. Para encontrarnos con la calidad no hay que salir de Santiago de Cuba, ni estamos forzados a visitar otras provincias, ni otros países. Tenemos calidad en casa.

En el fin de año hubo fiestas en todas partes y pocos osaron quejarse, salvo los bolsillos que no acaban de adaptarse a los precios, asunto que sobrepasa su capacidad de análisis y la mía. Pero hubo ofertas como un santiaguero, que siente el orgullo de ponerse viejo en su ciudad, nunca había visto. Así sucedió en la feria situada en la avenida de Céspedes, en la venta de productos industriales en Enramadas y sobre todo de comestibles asados en Garzón. Allí unos cerdos se balanceaban incitantes sobre las púas, unos pavos pagaban caro su osadía de vivir destinados a terminar en un plato; hubo hasta jutias que no escaparon a tiempo de sus captores, carne de res y hasta avestruces.

Quienno lo vio o lo vivió puede seguir hablando de los derechos humanos e incluso de los izquierdos o de otras cosas hermosas e imprácticas que hacen la vida más difícil para la mayoría de la gente. Quienes no vieron la realidad tienen derecho a inventase una realidad postiza. Pero, lo que es difícil es que alguna persona cuestione el esfuerzo realizado para lograr que todos tuviéramos acceso a un pedazo de la calidad, asunto sobre el cual prometemos volver, porque como en el famoso tango que habla del destino: contra la calidad nadie la talla.

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