Para Don Emilio como grato recuerdo a un amigo

Santiago de Cuba, 28 de ago. – Si hay un santiaguero que merece nuestro respeto y debe ser recordado con todos los honores un día como el de hoy, es Don Emilio Bacardí Moreu, quien falleció en su ciudad natal, Santiago de Cuba, el 28 de de agosto de 1922.

Patriota, empresario, intelectual y político fue este hombre  que no se detuvo a pensar en la fortuna  de la familia Bacardí y  se unió a quienes luchaban por la Independencia de Cuba.

El hecho  de que Don Emilio no haya alcanzado el nombre y los grados de mambises de su época como los Maceo Grajales, no minimiza sus valores, puesto que enfrentó con las armas y en la clandestinidad el poderío de los españoles  en la propia ciudad, que lo llevó a estar prisionero en varias oportunidades, e incluso por sus ideas y apoyo a la causa independentista, fue deportado de su querido país, al  solo pudo regresar  definitivamente, cuando ya Cuba no era colonia de la Madre Patria.

Inteligencia, una mente avanzada  y humanismo manifestó  Bacardí cuando tuvo que asumir la  Empresa al morir su padre.  Como presidente  en los primeros años del pasado siglo XX, Emilio le impregnó al negocio un espíritu revolucionario y puso en práctica  un sistema por el cual tenía posibilidad de participar de las ganancias de quienes laboraban en la fábrica de Ron.

El negocio tuvo prosperidad en aquella  etapa y trascendió las fronteras, pero  también sufrió atentados  y sabotajes para detener su impulso y además, con su encarcelamiento, tuvieron sus hermanos menores que responsabilizarse con la sostenibilidad del negocio.

La vida intelectual de Emilio Bacardí fue amplia  e interesante si tenemos en cuenta las vicisitudes que lo acompañó. A pesar de ello, dejó novelas como Vía Crucis, Doña Guiomar y Filigrana, en el difícil arte de  la dramaturgia  escribió obras como «¡A las armas!»,aunque la mayor trascendencia de sus escritos lo tiene   Crónicas de Santiago de Cuba, compilación en diez volúmenes considerado como texto fundacional de la historiografía de esta Villa con 405 años.

Una hermosa trayectoria tiene Emilio Bacardí,  aunque cuando se habla de él, por lo general el santiaguero lo asocia a su vida política como el primer Alcalde que tuvo la ciudad en  1898 y quien instituyó la Ceremonia A la bandera, un espectáculo que llega hasta nuestros días a la medianoche del 31 de diciembre, horario para izar nuestra insignia nacional y recibir el nuevo año

Son 97 años de desaparición física  del hombre que junto a su esposa  trabajó para  dejarnos el primer Museo creado en Cuba, que lleva su nombre Emilio Bacardí Moreau ubicado en   Esquina Aguilera y Pio Rosado s/n, y la primera Biblioteca pública bautizada como su compañera, Elvira Cape, instalación situada en la Calle Heredia número 257.  A él se deben además la creación de la Escuela de Bellas Artes y la Banda Municipal, una de las primeras del país.

Leer la historia de  este santiaguero, es apreciar su honestidad. Como alcalde demostró que una ciudad puede prosperar si no hay corrupción y se trabaja para el pueblo, una lección que dura hasta hoy. Y como Senador hizo lo que le correspondió, oponerse a la reelección del gobierno de turno, Don Tomás Estrada Palma, para evitar así la  segunda intervención norteamericana.

Fue el lunes 28 de agosto de 1922, cuando cerró los ojos definitivamente este hijo ilustre de Santiago de Cuba en su residencia Villa Elvira, ubicada en el hoy Consejo Popular  de Boniato, y donde funciona la Escuela Especial de Solidaridad Cuba-Viet Nam.

“La infausta noticia trascendió rápidamente, llenando de consternación y tristeza a todos. Desde los más humildes hasta los más encumbrados sectores de la sociedad santiaguera experimentaron un profundo dolor ante la terrible pérdida. El pueblo conmovido se volcó a las calles para acompañarlo hasta su última morada, protagonizando una de las más grandes manifestaciones de duelo vistas en esta ciudad en todos los tiempos. Sin distinciones de razas, religiones ni banderas, los santiagueros todos se quitaron los sombreros y humedecieron sus pañuelos, en merecida despedida a su primer alcalde. La ciudad sin consuelo lloraba la partida del Hijo Predilecto, como viuda de afectos y protección” 

En el Cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, en una tumba modesta pero muy hermosa y llamativa por su color negro  yacen los restos de quien fue el primer alcalde de  esta ciudad.

 Seguro quienes pasen por allí este día, verán la ofrenda floral que depositarán el Partido y el gobierno, pero también será importante que usted  se detenga por unos instantes en respeto a quien dijo en una oportunidad: «Cada habitante encontrará en mí un amigo».

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