Para venerar la trova, la guitarra y a sus cantores

Santiago de Cuba, 19 de mar.-  La trova, ese inconfundible latir de la guitarra y sus cantores se han adueñado por estos días de marzo de cada rincón de Santiago de Cuba, una ciudad que tal parece ha sido concebida para glorificar la música en todo su esplendor y su magnificencia.

 Santiago de Cuba está viviendo la edición 57 del Festival de la Trova Pepe Sánchez y su pueblo, amante sempiterno de esa manifestación tan autóctona, lo está  disfrutando al máximo, como si fuera el primero, como si fuera el último.

  El tradicional evento está íntimamente vinculado a la vida de la gente, especialmente por hacer honor a sus ancestros, la de raíz más auténtica, al ser cuna de sobresalientes exponentes de la nueva y la vieja trova.

 Cuando dice que es una tierra afortunada motivos no faltan. Con tanta riqueza y diversidad como su historia es su cultura; tan alegre y rítmica como su música, es la ciudad; tan heroicas y hospitalarias como sus calles son las personas que la habitan con sus costumbres y su luz.

  Resulta que Santiago es, asimismo, un bolero de Pepe Sánchez, el creador de ese género de arraigo universal con su sentida canción Tristeza, o un Son de la loma para cantar en el llano, de Miguel Matamoros, para que vibren los vitrales, los techos de las casas y los pies de los bailadores.

 Con cuánta legitimidad y razón el poeta Waldo Leyva afirmó en su poema Una definición de la ciudad, que si las puertas no están abiertas a la guitarra puedes decir que Santiago no existe.

La urbe oriental  constituye una plaza fuerte en la cultura gracias a su exquisito acervo, reconocido en el país e internacionalmente, acervo que ha trascendido, sobre todo, después del triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959, por su calidad, hondura y alcance popular.

 Espacio de coincidencias de mitos, leyendas y realidades, en ella palpita la vida, como expresara el profesor catalán Don Francisco Prat Puig: “Es donde la trova exhala su amorosa y lánguida canción  acompañada de moriscas guitarras, en el ambiente morisco de nuestra arquitectura”.

  En ese panorama la trova ocupa un lugar privilegiado bien cerca del corazón del santiaguero, porque esa vertiente musical le viene de las manos de los consagrados, y los noveles la tomaron con la misma autenticidad y pretensión de los verdaderos maestros.

 Y vale mucho que hoy se las ingenien, con almas de orfebres, para hacerla perdurar en el tiempo  y como semillero interminable la siembren para que siga lozana, viva.

 Esta tierra tiene el mérito de ser cuna de trovadores y sus legítimos representantes: Sindo Garay, Miguel Matamoros Pepe Sánchez, Ñico Saquito, Virgilio Palais, Compay Segundo, Alejandro Almenares, Aracelis Romero (Chely),  Ramón Márquez, Eliades Ochoa y Pablo Armiñán. Y de seguidores como José Aquiles, René Urquijo, Gladys del Monte y otros que dejan huellas como muestra de que la trova no ha muerto ni morirá.

  Hablar de trova es referirse a los elementos más emblemáticos que dignifican a Santiago de Cuba, donde al decir de muchos, incluso entendidos en la materia,  a pesar de influencias foráneas, se mantiene intacta la maravilla y estilo del género.

Por: Aída Quintero Dip

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