Paradojas del bloqueo norteamericano contra Cuba

Santiago de Cuba, 12 de oct. – Para los medios de prensa cubanos el bloqueo  del gobierno estadounidense contra la Isla constituye tema permanente. Es lógico que así sea, porque somos sus principales víctimas. Pero el asunto no es  privativo de la prensa cubana, medios extranjeros –incluidos algunos que nadie puede calificar de revolucionarios –  abordan esta temática difícil de manipular: las cifras son demasiado elocuentes y convierten al bloqueo en una política técnicamente indefendible.

Entre las etiquetas utilizadas para definir el bloqueo se encuentran las de  política fallida, ciega, inmoral e ilegal; acto de genocidio; remanente de la guerra fría, engendro jurídico, postura  insensata y determinación paradójica. Estas definiciones pueden diferir en matices, pero todas convergen en considerarlo como una práctica irracional. No es preciso ser un científico para entender la irracionalidad del engendro. Basta con ser cubano y salir a la calle. Para negar  la toxicidad del bloqueo hay que estar ciego o  luchar por una medalla en el  campeonato mundial  de la estupidez.

Incluso quienes desdeñan la política – en Cuba los hay- ante el recrudecimiento del cerco, ante la ofensiva  del actual gobierno estadounidense, no pueden permanecer indiferentes. En  su libro: Misericordia, la historiadora de la ciudad, Olga Portuondo, afirma: muchos santiagueros  se acuerdan de Dios e invocan  a la Virgen del Cobre solo cuando hay un sismo. Pues bien,  el bloqueo es un sismo lento y tozudo. Pero, los sismos pasan, los que no pasan son los santiagueros: algún día le haremos un museo al bloqueo para que las nuevas generaciones conozcan de sus estragos y su caída.

La actual administración norteamericana alega que el embargo, como ellos llaman eufemísticamente al bloqueo, beneficia al pueblo de Cuba; obviamente desconocen el significado del concepto pueblo. ¿A qué cubano puede beneficiar la limitación de las remesas? ¿A quién  la prohibición de los viajes de los cruceros? ¿A quiénes las acciones para evitar la entrada de combustible al país? La realidad es tan obvia que aquellos que no se habían percatado de la magnitud y ferocidad del asedio pueden entender el asunto solo con repasar las últimas medidas adoptadas por el gabinete de Trump.

El bloqueo es una política tan irracional como agresiva. Pretende crearle dificultades adicionales al pueblo cubano, desarmarlo, intimidarlo; todo eso con la ilusión de que se produzcan estallidos sociales que dinamiten la Revolución. Pero, estapráctica demencial es contradictoria: quienes la aplican consiguen  lo contrario de lo que se proponen:cosechan el rechazo de todo un país. Su error garrafal consiste en ignorar la capacidad de resistencia del cubano, es desconocer la paradoja esencial de los efectos del cerco: termina por hacernos más fuertes.

Las decisiones agresivas del gobierno de Trump han demostrado ser tan irracionales como disfuncionales, y no solo en Cuba. Sabemos que por su alcance el bloqueo es extraterritorial; por su resultados es un intento fallido. En Venezuela tampoco ha dado resultados, ha provocado múltiples carencias y al mismo tiempo fortalecido la unidad del chavismo. La aplicación de sanciones contra  Rusia y China ha perjudicado a sus economías  y paralelamente  ha contribuido al desarrollo de sus industrias nacionales.

La intensificación del acoso resulta paradójica: alerta  la conciencia del peligro, despabila las iniciativas, obliga a hacer mejor las cosas. Su aplicación desembozada constituye un riesgo adicional para el sancionador. A los santiagueros, a los cubanos, no nos atemoriza esta agresividad inédita, al contrario, nos ofende y nos une.  Tampoco la comunidad internacional se dejará intimidar. En noviembre, cuando se realice la votación en Naciones Unidas, el bloqueo volverá a ser condenado por el mundo.

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