Parque Baconao en Santiago de Cuba

Santiago de Cuba, 27 de jul.- Orgullo sentimos los santiagueros, de ese lugar donde según la leyenda, un niño indígena, encontró un árbol mágico llamado bacona que le enseñó a tocar música valiéndose de los caracoles, cuestión admirada por todos en la villa quienes miraban fascinados y pensaban que tales habilidades se las debía el pequeño a aquella planta. Por eso, empezaron a llamar al niño Baconao y con el paso del tiempo con ese nombre se  quedaría la zona cuando el indiecito decidía irse para no volver.

Pues así es… El Parque Baconao es una amplia región situada aproximadamente a 20 kilómetros de la ciudad de Santiago de Cuba y una superficie total de 92 mil 360 hectáreas, lugar que como decía un promotor, “figura hoy como una fórmula perfecta para los amantes del ocio en combinación con los atractivos de una naturaleza bien conservada”.

Pero por estos tiempos hacía falta más a este espacio que en 1987 fue declarado Reserva Mundial de la Biosfera por la UNESCO, de ahí que hace unos dos años se comenzara a hablar en serio, de una la remodelación de todo el parque en su conjunto aunando fuerzas y voluntades y ya hoy tiene una materialización en lo concreto.

Agradecidos se sentirán del esfuerzo realizado quienes lleguen hasta allí. Se encontrarán nuevamente con un sitio lleno de atracciones y refugio de vida salvaje y plantaciones de café contando historias, mientras a la vez quienes lo buscan como punto de destino para el descanso tras una temporada de trabajo agotador, tendrán múltiples ofertas en un servicio gastronómico en un encuentro de paso con un mar espumoso e inspirador.

Una buena parte de familias ya no sólo de este entorno sino de todo el país, hace el recorrido por estos lares, encontrando un mundo totalmente diferente a ese que quedaba tras el período especial.

Y hablando de mundo, le invito a visitar aún cuando le faltan sus toques de acabado a ese complejo Sigua que atesora todo un mundo de fantasías para sus pequeños.

Y es precisamente en este punto donde queremos afianzar nuestro comentario una vez más a sabiendas de la importancia del cuidado a esas instalaciones las cuales aunque en su mayoría tienen un personal exigente para estos menesteres, no basta para una etapa veraniega donde miles de concurrentes se acercan cada uno con sus buenas y malas costumbres… Y sí… de nada valen los arreglos, las remodelaciones, rehabilitaciones, los gastos materiales y el empleo de la fuerza capacitada en estos lugares, si falla lo esencial: la educación de quienes asisten al lugar generalmente en familia y entre amigos, sin que en ocasiones exista la responsabilidad de alguien del grupo para el llamado de atención oportuno ante lo mal hecho, ante los depredadores.

En toda instalación cercana al mar hay un desgaste lógico, ese producido por el paso del tiempo y la salinidad, eso es inevitable, pero jamás debía arruinarnos un local el mal empleo de una piscina por sus bañistas, la tala de árboles sólo para tomar ramas con el fin de prender fuego y hacer fogatas, sin la autorización expedita, así como tampoco se puede entender la expulsión de basura, entre ellas latas y materia prima NO biodegradable a las aguas afectando la salud, el medio ambiente y la belleza del lugar…

Están también los que casi introducen el transporte, motos, autos y hasta camiones a la par de las arenas y las aguas, mientras otros deciden lavar los animales de cualquier tipo dentro de ellas…

En las propias instalaciones a veces no se tiene todo el cuidado… Se entra a restaurantes en ropa de baño, bikinis y truzas y mojados de pies a cabeza, soltando la arena por doquier, con lo cual se echan a perder estos locales y ni hablar de quienes hospedados por varios días maltratan la habitación en cuanto a su mobiliario, los equipos electrodomésticos, la iluminación y hasta obstruyen el desagüe…

Recordemos de las opciones que brinda el parque que incluyen la posibilidad de conocer el típico ambiente rural campesino de la región, el cual abarca los detalles más mínimos, desde la vivienda -el popular bohío- hasta el mobiliario, donde no faltan los taburetes.

Todo ello se complementa con recorridos a caballos por el área de la instalación, en estrecho contacto con la naturaleza y que contiene además ruinas de la antigua presencia de franceses en la zona, reflejada en sus cafetales.

Restos de secaderos, despulpadoras del grano, mansiones e incluso un cementerio colonial se localizan en el territorio, como parte de un entorno cargado de historia y misterio que necesitamos conservar y si todo esto no lo cuidamos, una nueva generación por llegar no lo perdonará y nos sentirá como lo que somos al descuidarlo: incivilizados y bárbaros.

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