Periodismo y gastronomía: algunas semejanzas

Santiago de Cuba, 17de mar.- El  servicio periodístico y el gastronómico tienen  puntos comunes y diferencias; preferimos apuntar hacia las semejanzas. El periodismo, sabemos, es un servicio público, hay quienes discuten sin considerarlo una profesión o un oficio, dejo el asunto a los entendidos; como lector la delimitación es irrelevante; el  gastronómico, no ha sido objeto de tales discrepancias; pero lo que me parece discusión es  que ambos cumplen similares objetivo.  Espero que ningún colega se moleste por la comparación.

Quien escribe desde una computadora y quien atiende una mesa tienen mucho en común en lo que hacen, lo sé por experiencia personal, porque me ha tocado hacer ambas cosas y porque prefiero abordar la parte positiva del asunto pues, a mi modo de ver no deberíamos insistir en hablar de buen y mal servicio, sino solo de servicio que debería ser bueno sea periodístico o gastronómico.

Las similitudes son claras, en especial si las asumimos desde  las actitudes. A periodistas y gastronómicos los conecta la ética, la rapidez, la gestión de venta, el respeto por el otro, la cortesía, la discreción, la calidad y, nadie se ofenda, la propina. Limito el término gastronómico al de dependiente y propongo ir por partes.

La anécdota ilustrativa de siempre. Cuando trabajaba en la oficina de Prensa Latina en México, los domingos, como todos los días, me levantaba bien temprano,  revisaba la máquina: El domingo era mi día de descanso, había pocas noticias, solo trabajaban  quienes estaban obligados a hacerlo, entre ellos los gastronómicos, los policías y los delincuentes, que no tienen día de descanso preestablecido.

Al filo de las nueve iba a la cafetería del Jarocho, a quien debíamos conocer ahora que tanto hablamos del trabajo por cuenta propia. El Jarocho abría su cafetería, la organizaba y yo ordenaba una torta cubana, mientras la preparaba iba la esquina a buscar una botella de Tequila añejo. Al regreso conversábamos: me hablaba invariablemente de su natal Veracruz y yo de Santiago de Cuba. En lo que nunca nos pusimos de acuerdo fue en el nombre del plato de la casa.

Se llama torta cubana .Yo le decía que tal nombre era una aberración, un atentado contra las bondades del idioma, porque un pan redondo   con un bistec, ensaladas a gusto del cliente, jamón y quesillo y otro bistec encima, no podía llamarse de ningún modo torta cubana, pero el Jarocho no entendía de razones y sonreía.

El compraba los ingredientes de los platos que preparaba, cocinaba, fregaba, servía las cuatro mesas de su cafetería, la administraba. Lo hacía todo y cuando yo le amentaba que él era mejor periodista que: yo porque sabía hacer todas las cosas y hacerlas bien, él sonreía.

El gastronómico es alguien que sirve con rapidez, con inmediatez  y que propone. Aunque no conozca el significado de  palabra inmediatez sirve rápido. Tal vez no domine el código de ética periodística, pero lo práctica con discreción, así cuando atiende a un cliente que viene acompañado, aunque lo conoce no lo llama por su nombre, le dice simplemente señor o señora, porque ignora si su cliente tiene otras señas de identidad.

Los dependientes saben hacer gestión de venta, cuando entregan la carta menú sugieren antes de tomar el pedido. El periodista también propone, sea cual sea el tema busca un buen título y desde el primer párrafo intenta atraer al lector, confabularse con él,  esa es su gestión de venta aunque el objetivo de su periódico no sea precisamente comercial.

Al final el gastronómico y el periodista reciben su recompensa. El primero la propina  y se toca los bolsillos. El segundo recibe el elogio y a veces una reprimenda que duele menos cuando usted sabe que dijo  lo quería  lo mejor posible. Y tiene su propina, no le dan ni un centavo, pero sientes haber hecho lo que debía y eso reconforta. No te palpas los bolsillos para evitar dolores, pero te palpas un poco más hondo en ese lugar llamado la conciencia.

Por Osmar Álvarez Clavel.

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