Pido permiso y humildemente propongo

Santiago de Cuba, 15 de nov. – Primero: agradecer la oportunidad que me ofrece Radio Mambí para escribir en su página, para colaborar con una emisora establecida en Santiago de Cuba y mucho más allá. Es un honor poder hacerlo,  tan grato como saber que ustedes son los protagonistas. Por eso trataré de conocer   sus intereses, de informarme sobre cuáles son los temas que  les gustaría que opináramos para poder ser fiel a sus expectativas.

No se escribe sin dignidad, sin respeto por la palabra y por quienes la leen, la degustan o la sufren. No se escribe sin pensar en el otro. Perdónenme la franqueza, pero no encuentro otro modo de decirlo.

Tal vez sea la influencia de mis alumnos de periodismo: eternos inconformes, suspicaces, alentadores. A veces les cuento anécdotas para que, cuando salgan de las aulas, recibidas las felicitaciones de rigor , acabadas las celebraciones comprendan el tamaño del problema en que se metieron voluntariamente al escoger una profesión que supone lidiar con las palabras y con quienes las utilizan para comunicar o para protegerse: sucede en Cuba y en cualquier otra parte.

A mis estudiantes les narro vivencias. Si me lo permiten también se las contaré a ustedes. Aquí va una. En el 2005 la editorial cubana Pablo de la Torriente tuvo la gentileza de publicarme un libro, en aquel momento necesario porque el ensayo, uno de los géneros fundacionales del periodismo es, paradójicamente, de los menos estudiados. Quisimos contribuir a ensanchar la bibliografía y estimular la práctica del ensayo en nuestros periódicos porque sabíamos que era magra, insuficiente.

Presenté el libro en varias provincias. Recuerdo especialmente la presentación en Guantánamo, territorio muy conocido en INTERNET,  no por los valores de su gente, su cultura y su naturaleza, sino porque allí está enclavada la ilegal base naval norteamericana de Guantánamo, en cuya cárcel la tortura es norma.

Durante una entrevista  la periodista de la televisión guantanamera quiso saber sobre las influencias. Le contesté que mis mejores maestros han sido mis alumnos. Y no creo haber dicho ningún despropósito, no solo porque si la contribución de ellos probablemente el libro nunca habría sido, sino por sus reiteradas exigencias  para que hiciéramos un periodismo menos aburrido y más participativo, y no solo en Cuba.

Cuando pienso en mis estudiantes, en sus inquietudes, en especial las relacionadas con la necesidad de cosechar lectores participantes, les doy la razón y creo que podríamos invertir la fórmula tradicional que consiste en decirle a los otros lo que suponemos que ellos quieren saber en vez de preguntarle por sus intereses.

En la página pretendo asumir las prioridades planteadas por los medios. Cada medio tiene el derecho de definir sus estrategias y privilegiar temas y enfoques. Pero, las agendas son flexibles. Por eso me interesa conocer sus querencias, sus reflexiones y propuestas. Creo que es lo menos que puede hacer  quien osa escribir para los demás.

Me sumo a los que aspiran a construir con palabras lo que públicamente afirman y dejar a los lectores la oportunidad de juzgar. Por ello quisiera preguntar- y discúlpenme por la insistencia- qué ustedes opinan. Me queda claro que debemos trabajar para preservar la identidad, escribir sobre  Santiago de Cuba, su cultura y su historia, sobre las personalidades consagradas y también sobre la gente del barrio, de sus valores y tropiezos.

Por ahí,  me parece, andan los temas. Conozco personas que prefieren decir lo que suponen le interesa a los demás. Es una actitud posible que responde a una lógica, solo que, cuando esa lógica se vuelve hacia adentro, suele dejar de funcionar. La comunicación sabemos, es un acto de negociación; y si es así, escribir constituye una manera de negociar. Entonces: ¿por qué no negociamos?

Por: Por Osmar Álvarez Clavel.

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