Por mantener un país sin violencia sexual en los conflictos, Señor Trump: No nos entendemos
Santiago de Cuba, 18 de jun. – Por fortuna en Cuba el 1 de enero de 1959 triunfó la Revolución que en la última etapa estuvo liderada por Fidel Castro Ruz, y con la victoria, quedaron atrás los vestigios que pudieran asociar hoy al país con cualquier tipo de violencia infantil.
Esas historias contadas con frecuencia en nuestro tiempo de adolescencia de niñas, que sobretodo en nuestros campos, fueron ultrajadas por uniformados incompetentes o por personas adineradas haciendo abuso de su poder económico, disminuyeron de las conversaciones hasta quedar enterradas en el tiempo porque la historia vivida a partir de ese día, comenzó a ser completamente distinta.
Y porque como se decía por aquel entonces “llegó el Comandante y mandó a parar”, es que este 19 de junio en Cuba por solidaridad con otras naciones celebramos el Día Internacional para la eliminación de la violencia sexual en los conflictos.
Incluso porque convivimos varias generaciones en muchos hogares, esta fecha bien podría servir para escuchar las anécdotas relatada por los abuelos o por esas personas que pasan de 70 años. Ellas pueden narrar el miedo que sentían familias muy pobres cuando en el hogar había niñas y jovencitas con posibilidades de convertirse en una víctima sexual, muchas veces con consecuencias irremediables.
Conocer estas historias nos fortalece, porque solo así en Cuba, donde vivimos en paz y en una sociedad organizada, ganamos en la verdadera conciencia del por qué la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 69/293 donde se declara el 19 de junio como Día Internacional para la eliminación de la violencia sexual en los conflictos.
A ese pasado que para nosotros no tendrá retorno jamás, es al que nos desea remitir la administración de los Estados Unidos en este diferendum histórico que encuentra su seguimiento ahora con el Presidente Donald Trump.
Él y sus fieles lacayos podrán tener su plan, pero el de nosotros es uno solo, la continuidad de esta hermosa Revolución que se construye con sacrificio y honor. Y como NO hay tregua ni pactos posibles, es que decimos, No, no nos enmendemos.

