Propaganda, consignas y prejuicios

Santiago de Cuba, 23 de oct. – Los criterios sobre la validez de la consigna con frecuencia están contaminados con el mismo lógico prejuicio que nos condujo a cuestionar hasta sus raíces a  la publicidad, primero, y luego al llamado periodismo propagandístico. Me parece que este es un terreno donde se impone  la necesidad de opinar.

En (1961) se suspendieron los comerciales, como resultado de un ejercicio democrático donde la mayoría de la población cubana los rechazó. Los anuncios comerciales se eliminaron, la publicidad  recibió un conteo de protección, pero no desapareciótotalmente, como a veces se afirma. Esta situación permitió recuperarla sin excesivos traumas,cuando las exigencias económicas de los años 90 obligaron a retomarla.

En la actualidad el prejuicio de entender la publicidad comercial como si fuera la única y considerarla como un factor que estimula al consumismo propio del sistema capitalista, está superado. Sabemos que la publicidad puede ser útil siempre que se haga con la calidad requerida. Sabemos que hay otras variantes de la publicidad como la institucional o la comunicación de bien público que son necesarias para el desarrollo del país y que su utilización favorece la consolidación de la organizaciones, incluida la organización mayor: la sociedad.

En los Lineamientos del Partido y la Revolución la labor periodística fue  objeto de análisis. En los dos últimos Congresos del Partido Comunista de Cuba se han realizado valoraciones críticas sobre el tema y la dirección del país alertó sobre la existencia de un periodismo ramplón, de poco vuelo, encariñado con una visión muy amable de la realidad y falto del aliento crítico que cualquier proceso de transformaciones requiere. Quizás lo anterior influyó en hablar de un periodismo propagandístico entendiendo como tal a su  versión apologética.

Pero, se puede hacer buen periodismo sin renunciar a la propaganda, que es una de sus funciones; solo que para cumplirla bien  hay que hacer periodismode calidad. Claro, si hacemos periodismo administrativo no convencemos; si repetimos hasta la saciedadlos mismos temas y enfoques, si no penetramos en las riquezas de la realidad con una visión crítica oportuna, no trabajamos para las audiencias, para nuestros destinatarios. Pero, el discurso periodístico no está enemistado con la propaganda, como señala el libro: Propaganda: reflexiones (2004).

El problema, creemos, no está en  que los medios asuman la propaganda,  uno de sus resortes movilizadores, sino que lo hagan desde un periodismo fresco, desde nuestra idiosincrasia, a tono con la capacidad creativa de nuestro pueblo, en fin que lo hagamos desde lo que denominamosperiodismo decreación. Algo similar ocurre con las consignas. En septiembre tres de nuestros buenos periodistas hicieron la misma advertencia: pensar como país es más que una consigna; dice una. Pensar como país debe ser más que una consigna, afirman dos colegas.

En nuestra opinión el uso de lo concepto consigna en el sentido de mensaje perecedero o fugaz debe ser reanalizado. La consigna, cuando sintetiza un credo, puede resumir un pensamiento, un propósito y ser funcional. Algo similar ocurre con el eslogan que resume las virtudes de un producto, un servicio, una estrategia o campaña comunicativa. La consigna tiene que tener cualidades como la brevedad, la sencillez, la facilidad para recordarla y la emotividad. Si  posee tales virtudes y se emplea en los contextos y momentos que lo ameritan su uso es positivo

Lo negativo respecto a las consignas es el abuso. Si las utilizamos indistintamente pierden el filo, su vocación para estimular. ¡Vamos por más! O pensar como país, son preceptos que bien empleados conminan, compulsan. La clave está en su utilizaciónmesurada, en el momento y espacio adecuados, en el contexto que la realidad aconseje. Una frase como ¡Patria o muerte!, puede valer tanto o más que un tratado. El problema reside en saber emplearla.     

Deja una respuesta