Protección al consumidor: asignatura pendiente

Santiago de Cuba, 7 de feb. – Opiniones muy encontradas siguen suscitando las medidas contenidas en la Resolución 54/2018 para la protección al consumidor, puestas en práctica en el país, y que impactan en Santiago de Cuba en el sentido de su influencia en la prestación de un mejor servicio y eliminación de irregularidades y violaciones.

Unos consideran que sigue siendo una asignatura pendiente y otros son del criterio de que se ha avanzado, que se observan frutos en algunos sitios muy puntuales y que lo ideal sería que esas buenas prácticas se generalicen en todos los sectores que realizan prestaciones. 

Estas medidas benefician a todos y desde el puesto en que nos desempeñemos  debemos esmerarnos  para que se cumplan, si tenemos en cuenta el concepto de que todos somos consumidores, apuntó Sandra Diez, dependienta de farmacia durante más de 25 años.

Quien fuera dirigente de la Central de Trabajadores de Cuba por varios añosrefirió que es una muestra más de la política social de la Revolución que va más allá de la defensa del derecho de las personas a acceder al trabajo y a los servicios de salud, educación, seguridad social, entre otras cuestiones básicas en la vida.

Conozco bien lo que plantea la Resolución, expresó, y creo que las administraciones de los centros tienen una alta responsabilidad en que se cumpla o deje de hacerse, y lo primero es que deben garantizar las condiciones para que el trabajador pueda ofrecer un buen servicio y proteger al consumidor, lo cual a veces no se logra.

Hay que seguir exigiendo, por ejemplo, por el manteniendo de las pesas en buen estado, que casi todas están obsoletas por el reiterado uso,  además de asegurar monedas fraccionarias para devolver al cliente, que son dos de los aspectos más cuestionados y polémicos en bodegas, agro y otros sitios donde se presta servicios y que irritan a la población, añadió.

Alberto Barroso, dependiente por 24 años de bodega en el supermercado de Micro 3, en el Centro Urbano Abel Santamaría, de Santiago de Cuba, coincidió en el papel que deben desempeñar las administraciones para ellos poder proteger al consumidor y darle el servicio que merece, y esto en ocasiones no funciona como es debido, insistió. 

La Resolución es un instrumento vital para realizar mejor el trabajo, se ha discutido y comprendido, solo falta su completa aplicación, ya que el consumidor está en su derecho de reclamar por la falta de calidad o de mal pesaje  del producto que compra, pero todo debe hacerse con ética, respeto y decencia, argumentó.

También, Nelia Arzola, cuentapropista de productos agropecuarios, subrayó que la calidad debe prevaler como garantía de respeto al pueblo, y en su caso le satisface servirle bien, pues  cuando su mercancía merma o se deteriora por el tiempo, le baja el precio, para que el cliente se marche complacido.

Desde que se puso en práctica la Resolución tiene todo mi apoyo porque respalda  el respeto y la calidad del servicio que prestamos, yo la aplico al pie de la letra y la pondero, pues soy una trabajadora de ley y de compromiso, recalcó.

Evidentemente entre las cuestiones que siguen suscitando preocupación casi unánime de los clientes está el mal estado de las balanzas, la poca disponibilidad de dinero fraccionado, y las deficiencias en los embalajes de algunos comestibles y comidas rápidas, que también afectan la labor.

Otros opinan que las administraciones deben ser más exigentes con respecto a la limpieza de los locales, la higiene personal y el cumplimiento de las normas técnicas establecidas para la cocción de los alimentos, que tienen tanta prioridad como la presencia de los medios y recursos necesarios para el trabajo.

En honor a la verdad los instrumentos de pesaje empleados en Cuba poseen una marcada caducidad y desactualización respecto al Sistema Internacional de Unidades, que se usa en casi todos los países del mundo.

Bodegas, instalaciones del comercio y puestos de particulares, por solo citar algunos, tienen a la libra castellana, americana y la onza como la medida estándar para las transacciones comerciales, toda vez que debieran prevalecer las basadas en el kilogramo.

No obstante, el problema de la estafa cuando se perjudica a la población va más allá del tipo de báscula, siempre que esté adecuadamente calibrada, y en esto incide cardinalmente el factor humano.

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