Protesta de Baraguá, “de lo más glorioso de nuestra Historia”

Santiago de Cuba, 15 de mar.- El líder histórico de la Revolución cubana Fidel Castro enseñó y estimuló siempre a sus compatriotas a beber de la rica historia de la Patria, y advirtió invariablemente que en momentos difíciles hay que erguirse siguiendo el ejemplo de los próceres que tantas glorias dieron a Cuba.

Una de esas páginas de hidalguía la escribió Antonio Maceo, ese hijo de Santiago de Cuba que el 15 de marzo de 1878 representó a todos los cubanos dignos, quienes aprendieron a preservar la intransigencia revolucionaria alzada como bandera aquel día en que nació su viril protesta.

Para tan gallardo episodio escogió, junto a sus huestes mambisas, a Mangos de Baraguá, suelo santiaguero entrañablemente vinculado a un hecho político trascendental en la historia de la nación, que acrecienta su celebridad cuando acaba de celebrarse,en octubre pasado, el aniversario 150 del inicio de las guerras de independencia.

“…de lo más glorioso de nuestra Historia…”

Calificó el Apóstol independentista José Martí, a este hecho,  cuando la tuvo ante sus ojos, porque ese suceso,  entre otros valores, encarnó el enraizado sentimiento patriótico del pueblo que juró no ponerse nunca de rodillas, tras los pasos de las tropas del Ejército Libertador y del Titán de Bronce, quien supo empinarse y adoptar una posición que salvó moralmente la Revolución.

En esta página significativa del bregar revolucionario sobresale la figura de Maceo no solo como militar, antiesclavista y luchador incansable por la libertad de Cuba, sino el político brillante en que se convirtió, el hombre que tenía tanta fuerza en la mente como en el brazo.

Alrededor del  valeroso patriota se agruparon Guillermón Moncada, José Maceo, Flor Crombet, Limbano Sánchez, Arcadio Leyte Vidal, Belisario Grave de Peralta y Quintín Banderas, entre otros.  Eso es lo que puede explicar que Arsenio Martínez Campos estuviera tan preocupado y escribiera con fecha del 26 de febrero de 1878 una interesante carta, en la cual dice:

«Maceo me pide imposible, y yo no amplío las bases; me ha pedido entrevistarse conmigo, y como del 6 al 8 estaré en Cuba (se refiere a Santiago de Cuba), le veré; como mulato, es de una vanidad extrema y desea hablarme directamente. Tengo esperanza de que no se dispare un tiro más… Este Maceo es la clave de la verdadera paz».

El 15 de marzo de 1878 cuando ocurre la histórica reunión de Antonio Maceo con  Martínez Campos en Mangos de Baraguá, el general cubano no permitió la lectura de las bases del Pacto del Zanjón y ratificó el rotundo rechazo, lo que ya en carta había manifestado, pues en el Pacto no se incluía la independencia de Cuba ni la abolición de la esclavitud, dos sagrados objetivos por los que tanto se había guerreado.

Ante el disgusto de dicho general español, el Titán de Bronce con altruista postura reafirmó la decisión y el compromiso de volver al campo de batalla para alcanzar la libertad y la dignidad de los cubanos con el filo del machete.
La sabia advertencia del valiente patriota de no queremos paz sin independencia dejó una herencia imperecedera para las nuevas generaciones, con la certeza de que Baraguá es la esencia de la nación y un referente de cómo proceder ante determinadas circunstancias que puedan poner en riesgo la seguridad e integridad nacionales.

 En su afán por perpetuar y consolidar la Revolución que tanta sangre ha costado y en su gigantesca labor como indiscutible guía de esa obra, Fidel acudió invariablemente al ejemplo de Maceo, a su heroica epopeya y a sus profundas convicciones políticas.

  Es así como el primero de enero de 1959, en el parque Céspedes de Santiago de Cuba, el líder rebelde se dirige al pueblo y hace alusión a que esta vez la Revolución sí llegará al poder, que no pasará como al concluir la guerra iniciada en 1895, en que los mambises no pudieron en­trar a la urbe.

Precisamente en el centenario de la Protesta de Baraguá, en 1978,  el máximo líder reafirmó ante el mundo la posición inclaudicable de la Revolución cubana y la firmeza de un pueblo que nunca se pondría de rodillas ante el criminal bloqueo de los Estados Unidos contra la Isla.

Cada vez que el pueblo rememora este hecho, que late aún en el alma de Cuba, se  renueva y fortalece el espíritu de lucha de los veteranos y pinos nuevos para que Cuba siga libre y soberana. 

Por: Aída Quintero Dip.

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