En las hayacas, la calidad cuenta!

¡Hayacas, tamales, traigo para ti, tamales bien calienticos, hayacas de San Luis!… Era un pregón que sentía casi a diario y que me hacía asomar de inmediato a la puerta porque ya lo conocía a través de aquel hombre endeble, de avanzada edad, que llegaba bien temprano a la afamada Terminal de Calle 4, en esta ciudad santiaguera…
Y bien que a las pocas horas sin apenas moverse más allá de estos derredores, las tenía vendidas como por arte de magia… “La calidad es la calidad”, me aseguraba una vez que en una ocasión le preguntaba cómo es eso que ya No tenía ni una para mi…
Un sabor a lo natural, de un maíz sobradamente tierno, era su carta de presentación en una carretilla a la que le anexaba como confiabilidad una mazorca con hojas verde tierno, con unas pelusas brillantes, y unos granos bien lechosos… Buen marketing!…
Primero hace más de 2 décadas, llegaba con el precio de uno a dos pesos, y luego pasó a tres, sin que nadie protestara el aumento, que, a la vez iba acompañado de un mayor tamaño, de ahí que su clientela lo encontraba dable, a la vez que seguía afianzando que… “La calidad es la calidad”…
¿El secreto?… Nadie lo supo porque contrincantes tenía a diario, llegados desde la propia tierra, una tierra que al parecer era sobradamente pródiga en brindar un maíz de calidad que sólo al agregarle un poco de sal al agua, imagino yo, lograba aportar el sabor que convenía a los gustos…
Hoy cuando ya este vendedor con la actual pandemia se perdió de nuestras vidas y todos los que aparecen con sus vendutas, también con pregón incluido, pero sin mostrarme la mazorca que aporte que tienen la calidad que exijo, en el cada día sigo extrañando a ese hombre delgado como si fuera parte de mi familia y que hoy necesito para sentirme mejor atendida aún cuando el precio sea mucho más que el doble… “La calidad es la calidad” y la respeto porque ni con el maíz más tierno, he logrado darle el sabor a las mías en mi elaboración casera, el sabor sanluisero, y mucho menos, el de este hombre que me dejó de hecho, un paladar fijo, que no encuentro en lado alguno… Perdone que ahora cambie y que le diga que La calidad, aún con parámetros medibles, en la cocina, es de cada quien!

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