Hacer del ahorro una filosofía de vida y de trabajo

Se ha insistido en estos tiempos de pandemia y de dificultades económicas por la dirección del país y por las organizaciones de base de barrios y comunidades, que si se apaga un solo bombillo en los hogares, sobre todo en el horario pico, la familia estaría contribuyendo al ahorro del país, una filosofía de vida y de trabajo que es preciso arraigar.

La acción parece sencilla y lo es realmente, si se considera que solo debe apretarse un botoncito, pero tiene a la vez gran connotación social y para la economía que requiere de ese aporte para mantener la vitalidad de tareas fundamentales e incluso seguir el desarrollo de otras en las condiciones actuales.

Para llevar adelante esta batalla Cuba tiene una evidente ventaja, la de contar con una población preparada y adiestrada para tales contingencias, pues ya vivió un periodo especial que enseñó mucho y esas experiencias deben servir ahora ante una crisis económica global a causa de la pandemia por el nuevo coronavirus.

Aportar al ahorro energético desde los hogares también implica realizar la cocción de los alimentos antes del horario pico y emplear los artículos electrodomésticos con racionalidad e incluso prescindir de su uso en algunos momentos de mayor demanda energética, en fin cambiar la rutina cotidiana en el seno familiar.

El ahorro desde todos los puntos de vista es un imperativo de la nación y no debe ser coyuntural, sino convertirse en una filosofía de vida y de trabajo en las viviendas y en los centros laborales, por lo cual la participación ciudadana en esta cruzada es fundamental en todos los espacios donde se actúe.

Se demanda hacer del ahorro una práctica sistemática en un país como Cuba, requerido de utilizar eficientemente sus recursos materiales y financieros, sobre todo en el ámbito de la economía que tiene como principal obstáculo para su desarrollo el criminal bloqueo impuesto por el gobierno estadounidense hacia la isla.

La urgencia de hacer de esta acción una regla y no una excepción, en el terreno de la producción y los servicios y en el hogar, se hizo evidente en los días en que se atravesó por una coyuntura energética especial provocada por el déficit de combustible, al Estados Unidos impedir su entrada a la nación, nueva demostración del recrudecimiento de esa genocida política que pretende asfixiar a Cuba.

En tiempo de la cruel pandemia que azota a la humanidad se ha potenciado el ahorro en el sector residencial, al ser este el escenario donde se centraliza una serie de actividades por el aislamiento social exigido para vencer la enfermedad, amén de la situación favorable que tiene el país actualmente, cuando se encuentra en la primera fase de la recuperación post COVID-19, con excepción de La Habana y Matanzas.

Es necesario que con la misma disciplina, responsabilidad y actitud social cívica con que la mayoría cumple las medidas higiénico-sanitarias orientadas por las autoridades del Gobierno y del Ministerio de Salud Pública para seguir previniendo el contagio por el nuevo coronavirus, se ingenien las formas de mantenerse en casa, disfrutar de la familia y realizar faenas útiles, sin excederse en el consumo de electricidad.

De ahí la urgencia de apagar las luces y encender el ahorro y encender, asimismo, el espíritu de cooperación y solidaridad, que se ha puesto a prueba en muchas esferas de la vida, no solo desde el punto de vista individual sino colectivamente ya que si cada cual ahorra con conciencia de su importancia, ganamos todos porque, en definitiva, se beneficia el pueblo y la prosperidad de la nación.

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