La casa, el mejor refugio ante la COVID-19

La casa, nuestro dulce hogar, se ha convertido en el mejor refugio, el mejor remanso para dar la batalla crucial ante la COVID-19, enfermedad de peligrosa propagación y alta letalidad que ha impactado este año al mundo entero.

Hoy los hogares cubanos han devenido en una verdadera fortaleza, una de las principales barreras de contención para evitar el contagio por el nuevo coronavirus, que ha cobrado miles de vidas en más de 170 países donde se ha extendido vertiginosamente desde su comienzo en China.

Condiciones ideales se han creado en la isla caribeña para lograr que las personas se mantengan en casa, desde los niños, adolescentes, jóvenes y ancianos; desde estudiantes, amas de casa y trabajadores de todos los sectores de la sociedad, con el fin de que se cuiden y cuiden a los demás.

Como el primer objetivo y la razón de ser del sistema de salud de Cuba es la protección de los seres humanos, curar y salvar vidas, como un derecho esencial, la opción de quedarse en casa es idónea para luchar contra una pandemia en la cual el aislamiento social es vital para combatirla y controlarla.

Teniendo en cuenta esa circunstancia el Gobierno cubano adoptó numerosas medidas, entre las cuales resalta el receso de las actividades docentes desde la Enseñanza Primaria hasta la Superior, con lo que se evita el traslado de alumnos, maestros y profesores hacia las escuelas.

Aunque esto no implica que no se reciban contenidos, ya que se han puesto en práctica alternativas como las tele clases para los escolares de primaria y secundaria básica y actividades no presenciales para los de niveles superiores, en aras de que la preparación no se vea tan afectada por la emergencia sanitaria.

Con el propósito de proteger a las personas de la tercera edad, los más vulnerables ante el nuevo coronavirus, se han creado mecanismos para llevarles la alimentación a su propio hogar a aquellos que utilizan el sistema de atención a la familia, y también el pago de sus pensiones.

Los trabajadores mayores de 60 años tienen la posibilidad de no acudir al trabajo ante la COVID-19 con ventajas salariales por determinado tiempo, y otros se acogen al tele empleo o el trabajo a distancia, modalidades que se han potenciado para propiciar el aislamiento social ante la peligrosa enfermedad.

Son bondades del proyecto social cubano donde la primera prioridad es el ser humano y la protección de la vida de las personas, expresó la anciana Deysis Cleger, quien está amparada por el sistema de atención a la familia para su alimentación, en el centro urbano Abel Santamaría, de la ciudad de Santiago de Cuba.

Y para que la vida siga su curso sin más contratiempos que los que se derivan propiamente de una pandemia de esa envergadura, la TV nacional ha acondicionado una programación variada y de interés para todos los públicos, entretenimiento al que aportan artistas con recitales y conciertosvía internet.

También se aprovecha este momento para disfrutar de la familia, darles más amor a los abuelos y abuelas, leer un buen libro, ver una buena película, escribir, estudiar, escuchar música, cultivar alguna afición que en la vorágine de la vida no se ha podido hacer, comunicarse con seres queridos y los amigos por teléfono o correo electrónico.

Muchos hogares se han transformado en talleres para hacer nasobucos y repartir en el barrio, sobre todo a los ancianos, personas con discapacidad y otras necesitadas de ayuda y de afecto, en un gesto espontáneo de generosidad y solidaridad, valores que se revitalizan con mucha fuerza en tiempos de adversidad.

A tan noble empeño se suman la Federación de Mujeres Cubanas y los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) que están realizando una labor encaminada a que nadie salga a la calle sin una urgente necesidad, y cuando lo haga no deje de usar su nasobuco, señaló Fadorna Roble, presidente del CDR 9, en el centro urbano Abel Santamaría.

Escrito por Aída Quintero Dip

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