“Papá alegra mi vida”

Adolescentes y padres en medio de contradicciones… ¿quién no las ha tenido en esa etapa? De ellas también supo José Martí, primogénito de un militar español que formó su familia en Cuba entre carencias, injusticias del propio ejército al que servía, y con el apremio de alimentar a ocho hijos y una esposa.

Habría que pensar lo que significa que a una familia humilde de esa época le naciera un hijo varón y después siete niñas, en tiempos donde las hembras eran una desventaja pues no representaban fuerza de trabajo o fuentes de ingreso. Por otra parte el primogénito en quien cifrarían las esperanzas de mejoría económica resultó ser no solo rebelde, sino un genio. Entonces: ¿qué hacen un padre y una madre a quienes les nace un niño como Martí… un prodigio?

Desde temprana edad tuvo Pepe curiosidades, habilidades que para Doña Leonor y Don Mariano resultarían extrañas. Ellos sabían leer pero eran personas humildes, ¿cómo imaginar que les estaba naciendo un gran poeta, el más grande transformador de la Patria, sembrador de valores éticos, estéticos, morales?…

Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande, Doctor en Ciencias y autor de la biografía del Apóstol recogida en su libro Cesto de llamas, comparte sus valoraciones sobre las características de Don Mariano de los Santos Martí y Navarro:

“Vino a Cuba este hombre de procedencia campesina en Valencia, y fue una persona honrada. Eso le costó caro, sobre todo en las propias filas del ejército (…) Lo sancionaron, por ejemplo, porque no quiso ceder a las presiones de una señora aristocrática en medio de una vía habanera.

“Es un padre que prevé, y al que no le extrañaría ver a su hijo defendiendo las libertades de Cuba. Tampoco quería que lo mataran, ni se lo torturaran; que lo pusieran a hacer trabajo forzado, por tanto cuando él está tratando de que Martí no sea un conspirador, está defendiendo más que las prerrogativas del gobierno español, la vida de su hijo”, agrega el investigador.

 “Trabajo de seis de la mañana a ocho de la noche, y gano cuatro onzas y media que entrego a mi padre. Este me hace sufrir cada día más, y me ha llegado a lastimar tanto que confieso a Ud. con toda franqueza ruda que Ud. me conoce que solo la esperanza de volver a verle, me ha impedido matarme”.*

José Martí, su esposa María del Carmen de Zayas-Bazán e Hidalgo y su hijo José Francisco Martí

Para entender mejor las relaciones entre padres e hijos durante adolescencia conversamos con Daylenis Duany Rivero, Psicóloga Clínica y Máster en Neurociencia:

“Como generalidad existen contradicciones, sobre todo con la figura paterna porque se asume, -desde nuestra cultura-, que es quien debe ejercer el control, el orden, la disciplina, y en la adolescencia es común transgredir algunas normas que el padre generalmente frena. Es así como suelen distanciarse, porque tienen criterios completamente opuestos”.

Apunta la especialista que “por la edad, por la experiencia, generalmente el adulto tiene una visión diferente, pero también hay que dejarlos que experimenten, siempre tratando de ayudar, y que el adolescente sepa que ahí están sus familiares para apoyarlo, no para crear conflictos.”

Al preguntar si algún día llegan los hijos a comprender la posición de los padres, responde: “Sí, pero en el momento del conflicto es muy difícil que lo vean como tal, incluso por la propia actitud de los progenitores”.

Reconocimiento mutuo

Por un lado, el hijo que defiende la Patria; por el otro un padre que trabaja al servicio de la nación que la oprime… Todo el dolor se consuma durante el presidio político, en mil 1869. Luis Toledo Sande, estudioso de la obra del Apóstol lo describe:

“Es allí donde el padre conoce la entereza al muchacho, va a llevarle una almohadilla que la madre ha hecho para ponerse entre las carnes del tobillo y el eslabón del grillete, y encuentra que Martí tiene una llaga, una llaga purulenta de la que no curará nunca, y ahí se le abraza a las piernas del hijo. A partir de ahí hay una identificación total entre ellos. Sabe lo que significa el hijo, por donde va, es el camino que ya no tratará de torcer.”

Mírame, madre, y por tu amor no llores;
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,
Tu mártir corazón llené de espinas
Piensa que nacen entre espinas flores.

La tragedia del presidio cambia la mirada del padre hacia el hijo… y viceversa. Don Mariano reconoce el valor del joven y no se interpone en sus propósitos de lucha. Martí lo aprecia en toda su dimensión, aprovecha los pocos períodos que tienen juntos, y más de una vez le dedica sus líneas, como cuando escribió a Manuel Mercado durante la estancia del progenitor en Nueva York: “Papá alegra mi vida”.

Volvemos al Maestro incluso en momentos de dolor y contradicción familiar porque es, para todos los tiempos, símbolo de respeto y amor.

*Tomado de: Cesto de llamas. Biografía de José Martí. Luis Toledo Sande, p.29. Editorial de Ciencias Sociales

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