Siempre pensando y actuando a favor de la mujer

La Revolución marcha con su paso indetenible desde enero de 1959, con un programa de justicia social, cambios y desarrollo de toda índole que hace énfasis con verdadera firmeza en la defensa de la libertad, los principios y la dignidad de los cubanos, especialmente de las mujeres.

Con la labor de la combatiente del llano y de la sierra Vilma Espín, fundadora y presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) hasta su fallecimiento en 2007, la organización supo canalizar los intereses y las potencialidades que hicieron del aporte de la mujer “una revolución dentro de la propia Revolución”, como afirmara el Comandante en Jefe Fidel Castro.

Porque un país donde hubo patriotas y heroínas como la madre de los Maceo, Mariana Grajales; la precursora de las luchas por los derechos de la mujer, Ana Betancourt; revolucionarias intrépidas como Haydée Santamaría, Melba Hernández, Celia Sánchez, Lidia Doce, Clodomira Acosta y féminas eminentes en disímiles sectores como el de la educación, la salud y las ciencias, lo que predominaba era la discriminación.

En la medianía del siglo XX cubano, como incluso ocurre hoy en otras naciones con derechos por conquistar, el lugar de la mujer y más si esta era humilde, era el trabajo del hogar, padecía más que el hombre del analfabetismo y la subescolarización; a la discriminación por sexo se unía la racial.

Con las transformaciones que trajo la Revolución para todos desde el punto de vista de equidad, una nueva vida también se abrió para la mujer. Posibilidades de estudio, de empleos dignos, de calificación técnica, de trato humano. Ganar la dignidad fue uno de los logros más positivos.

Hoy las cubanas tienen un peso relevante dentro de la fuerza técnica calificada del país; no hay sector de la sociedad en el cual no esté representada, incluso en tareas como la construcción, y el ámbito militar. Se ha incrementado progresivamente y se espera sea mayor su papel en cargos de dirección, tanto profesional como política.

Gozan actualmente del privilegio de recibir igual salario que el hombre, por el mismo trabajo, algo que incluso no se disfruta en países desarrollados, conquista que, además de responder a la voluntad política de la Revolución, se debe a la fuerza y al respeto ganado por la organización que las ha sabido representar.

Con todos esos logros tal pareciera que todo estaba hecho, pero la aprobación recientemente del Programa Nacional para el Adelanto de Mujeres constituye una demostración de confianza, respeto y compromiso de Cuba con la igualdad de género, una batalla que aún se libra con energía y fervor.

Durante la presentación de sus directrices, Teresa Amarelle Boué, miembro del Buró Político del Partido y secretaria general de la FMC, destacó que, aunque novedoso, es la continuidad de una política inclusiva a favor de las mujeres impulsada por la Revolución desde 1959, con resultados hoy por su protagonismo en las tareas de desarrollo de la nación.

“Para las cubanas, la Revolución, en sí misma, es nuestro principal programa de igualdad, porque creó las políticas dirigidas a lograr el empoderamiento en toda la sociedad y la igualdad de condiciones para mujeres y hombres, resaltó Amarelle Boué.

Este programa surge de la necesidad de integrar en un solo documento acciones que se corresponden con los principios y postulados reconocidos en la Carta Magna y el nuevo escenario de actualización del modelo económico y social, así como los compromisos internacionales contraídos por Cuba en esa materia.

Se propone promover el avance de las mujeres y la igualdad de derechos, oportunidades y posibilidades, refrendadas en la nueva Constitución, así como profundizar en los factores objetivos y subjetivos de expresiones de discriminación que aún persisten en la sociedad y obstaculizan un mayor resultado en la económico, político, social y familiar, con el fin de eliminarlos.

En resumen, el Programa Nacional para el Adelanto de Mujeres es un tributo a Fidel, principal artífice de su participación activa en la sociedad, y de Vilma, quien interpretó fielmente e hizo realidad las ideas del máximo líder, en aras de una contribución palpable en el progreso y desarrollo de la nación.

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