Razones para un Sí

Santiago de Cuba, 18 de ene.- Dicen que saber quienes somos, nos ayuda a definir hacia dónde vamos. Cuando en breve tengamos que votar en referendo la nueva Constitución de la República de Cuba, no sería ocioso recordar un poco de lo que estamos hechos y los caminos andados para llegar aquí.

Este perfectamente podría ser un artículo sobre el hombre al que debemos nuestras conquistas, el que nos comandara, como buen capitán, por más de medio siglo. Sin embargo, como él mismo nos enseñara, esta obra no hubiese sido posible sin el concurso de todos.

Por eso, yo prefiero contar la historia de un país que desafiando gigantes un día dijo: Basta! y echó a andar.

Una historia que brotó de pies campesinos sembrados en el surco y de manos callosas retoñadas tras la reforma agraria. Esta es la historia que habla de un brigadista que iba por llanos y montañas regalando la luz del conocimiento. La que tiene a un colaborador en tierras distantes leyendo un correo de su amada con la misma emoción que años atrás otro, en Angola, leía la de su madre.

Esta es la historia de la mujer que un día salió de casa decidida a buscar, a crear, a construir y ser dueña de su destino. Esta es también la historia del hijo del zapatero que se convirtió en doctor y partió a otros horizontes a regalar salud. La del mestizo que dejó de ser mano de obra para hacer ciencia en un laboratorio. La de la costurera que sueña con que el bebé que carga se convierta en abogado. La del profesor universitario orgulloso de su esposa peluquera. La del rubio que sin prejuicio pasea con su mulata.

Es además, la historia del invidente con un libro acabado bajo el brazo. La de la medallista olímpica que le falta algún miembro pero le sobra coraje. Es la historia del católico y militante del Partido Comunista que dirige una empresa. Del controlador aéreo que arregla una zapatilla. De la barrendera que sabe de epidemiología. Del policía que después de una jornada de trabajo ayuda a su hijo a hacer la tarea, de la pintora diputada al parlamento que sede el asiento en la guagua al hombre que sube con el niño en brazos.

Estos párrafos cuentan la historia de la cocinera y el entrenador. La ama de casa, el emprendedor, el pregonero y la dentista, el trovador, la camarera, la combatiente, y el jubilado, el mestizo del ballet y el blanco que adora a yemayá pueden también reconocerse aquí.

Porque esta es la historia de todos.

Es la historia de un pueblo que, como dijera el poeta, un día se montó sobre sí mismo y cabalgó para reinventarse exhibiendo como bandera su propio corazón.

Es la historia de un país que se llama Fidel...porque Fidel dejó de ser un sustantivo propio, para convertirse… para ser por siempre, un país.

Por: Laritza Moya Rodríguez

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