Reflexiones sobre el trabajo comunitario integrado

Santiago de Cuba, 31 de may. – La particularidad de la Comunicaciòn Comunitaria  en Cuba  la define su sistema político, pues la principal obra comunitaria cubanaes la propia Revolución, un proceso genuinamente popular encauzado a dignificar la vida. Solo  un país enfocado hacia el bienestar de toda la población puede hablar con propiedad de trabajo comunitario, concepción definida por tres conceptos esenciales: comunicación, participación e integración.

En Santiago de Cuba, con independencia del espíritu de trabajo colectivo, de la solidaridad espontánea de su gente; existen dos proyectos comunicativos ejemplares: el Plan Turquino y Santiago Arde. El primero, aprobado en 1987, es un programa nacional para el desarrollo integral de las montañas con la participación activa de sus pobladores. En un texto anterior, publicado en esta misma página en febrero último, abordamos este tema en el artículo: Santiago de Cuba, la cultura de producir café.

El semanario provincial Sierra Maestra (23 de febrero de 2019) caracteriza a Santiago Arde como un proyecto que trasciende la simple intervención social y se encauza a lograr actitudes  para asumir con éxito los retos que el municipio afronta. El reportaje revela lo hecho en barrios como San Pedrito, Los Olmos, Flores y el Antonio Maceo. Recuerda cómo de un incendio voraz salió la idea de transformar las zonas menos favorecidas de la ciudad y alerta sobre la necesidad de terminar las construcciones con calidad y conservarlas.

Una idea similar desarrolla Iroel Sánchez en: ¿Qué sería lo más grande por La Habana? (Periódico Trabajadores, 10 de diciembre de 2018). Sánchez refiere el esfuerzo constructivo que realiza  La Habana  para tener una capital más hermosa y celebrar dignamente su medio siglo de fundada. Este desarrollo requiere de una formación cultural: invertir en soluciones materiales y en comunicación, para estimular el uso correcto y la conservación de las obras, porque falta tanto educación como coerción con quienes no las cuidan.

“Una transformación cultural. Tal vez sea eso lo más arduo, y también lo más grande que podría hacerse por los 500 años de La Habana”. Dice Iroel Sánchez. Las referencias a los trabajos aludidos nos conducen al excelente reportaje de Claudia González Catalán: Trabajo comunitario integrado, la fórmula de la sostenibilidad. No por azar este texto abre el número 8 de la revista Siempre Santiago. Por la relevancia del conocimiento de este reportaje para quienes coordinan algún proyecto comunitario, lo comentamos.

La periodista recorre espacios donde el trabajo comunitario integrado  resulta exitoso y dialoga con sus protagonistas, gentes empeñadas en mejorar sus comunidades, como los campesinos del poblado de Soledad de Mayarí, en el municipio Segundo Frente o los niños del litoral santiaguero que recogen objetos lanzados al mar por manos irresponsables. Pero, advierte: “No son historias públicas. Su signo es el silencio y la utilidad social. Responden a los objetivos de perfeccionamiento de los órganos del Poder Popular”.

Alude al I Taller de trabajo comunitario integrado (Santiago de Cuba, 2017) donde se estableció un sistema de capacitación para los gestores de la actividad, basado en los principios de la Educación Popular. Esta variante de trabajo comunitario se define por el carácter  participativo – democrático- popular de las experiencias comunicativas trasmitidas a través de la comunicación horizontal entre los miembros de la comunidad y sus delegados.

En este proceso de interacción entre las comunidades y los delegados del Poder Popular participan las entidades administrativas e instituciones de la comunidad y las organizaciones políticas y de masas. El conjunto de participantes actúa a partir de una estrategia diseñada por los gobiernos locales que incluye desde las tareas constructivas hasta el desarrollo de las diferentes manifestaciones artísticas; por estas  razones es integrado.

De suerte que  “el barrio ya no es solo el lugar de residencia: es el espacio para crear, para compartir, paraconocer el arte y aprender. El trabajo comunitario integrado ofrece la fórmula de la sostenibilidad”, afirma categórica la periodista.

Y tiene razón, cualquier esfuerzo comunitario es válido, aporta; pero  la experiencia acumulada en 60 años de Revolución indica que si en el trabajo con la comunidad se juntan todas las manos y las acciones se organizan integralmente  el resultado es más efectivo y perdurable.

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