Rostros femeninos en el levantamiento armado del 30 de Noviembre

Foto de Internet

Santiago de Cuba, 30 de nov.- Si José Martí hubiera conocido a las valerosas mujeres que participaron en el levantamiento armado del 30 de noviembre de 1956 en la ciudad de Santiago de Cuba, junto a los combatientes, seguramente tuviera que decir de ellas lo mismo que en una ocasión expresó de Mariana Grajales: “Fáciles son los hombres con tales mujeres”.

Nombres de mujeres, unas noveles y otras fogueadas en la lucha clandestina  tejieron una historia de heroísmo y rebeldía sublimes antes, durante y después de esa osada  acción, en el mismo momento en que el yate Granma navegaba hacia el futuro con su valiosa carga de revolucionarios con Fidel Castro a la cabeza.

Rostros femeninos de todas las edades y colores cosieron para el estreno los uniformes verde olivo en el sigilo de la madrugada; a los perseguidos resguardaron en armarios, bajo las camas y en los sitios más increíbles, ofreciéndoles abrigo; listas estuvieron en los botiquines para curar a los heridos en caso necesario.

También hijas de esta ciudad y otras que se ganaron ese derecho  guardaron en los senos y bajo las faldas mensajes revelando peligrosas misiones, con entereza y sin perder la ternura ni la sonrisa, en esos días en que el feroz enemigo no tenía tregua y no hacía distinción de si tenía delante un combatiente con faldas o con pantalones.

Su nobleza y desinterés en el cumplimiento de cada acción, fue un aporte decisivo que tuvo su reconocimiento, al servir de acicate a los compañeros de armas, quienes se crecían ante la adversidad y los inconvenientes, al comprobar la actitud de ellas, cual herederas de las mambisas y patriotas de todos los tiempos y especialmente de Mariana Grajales.

Fue tanto el derroche de coraje, que cada grupo clandestino ponderó siempre la valentía que mostraban, y se enorgullecía de tenerlas en las células como una combatiente más, independientemente de que los más recelosos tuvieron al principio alguna duda de su efectividad.

Si quisiera sintetizarse su grandeza, en la gesta del 30 de Noviembre, bastarían cuatro nombres muy queridos que bien podrían representar la hidalguía de tantas santiagueras, de tantas cubanas y de historias anónimas de aquellos días de desafío y riesgo: Haydée Santamaría, Vilma Espín, Asela de los Santos y Gloria Cuadras.

Frank País, como avezado jefe clandestino, avizoró desde el primer momento la trascendencia de su contribución, las aceptó en rol de combatientes, les prodigó el cariño de hermanas y les dio la oportunidad de ser partícipes de la lucha en pos de la libertad de la Patria.

Algunas tuvieron responsabilidades en el Movimiento 26 de Julio como la moncadista, fogueada veterana en la lucha, Haydée, y Vilma con un aval ganado en la pelea; otras fueron propagandistas valiosas  como la periodista Gloria Cuadras, brava, de gallarda actitud, siempre  con su rostro descubierto ante el enemigo.

Ese ejemplo ha sido uno de los legados más perdurables para las mujeres de estos tiempos, quienes lo han tomado como estandarte para conquistar toda la justicia; exigir un puesto en la trinchera de hoy, especialmente en el trabajo; ocupar  responsabilidades en frentes estratégicos; desempeñarse en ramas  donde no se les concebía, y sentar pautas de disciplina y dedicación en sus faenas, sin olvidar su condición de forjadoras de las nuevas generaciones.

Por: Aída Quintero Dip

Deja una respuesta