Rubén Martínez Villena: paradigma de la tenacidad y el valor

Santiago de Cuba, 16 de ene. – Rubén Martínez Villena no es de las figuras patrióticas que se menciona con frecuencia en conversaciones, en las aulas ni en los diferentes órganos de prensa. En la Historia de Cuba se inscribe ese nombre, pero no es suficiente   para consagrarlo como un paradigma de la tenacidad y el valor.

Ello no significa que en Cuba haya desconocimiento total  de  la existencia de este hombre, con una vida corta pero tan intensa, que vale la pena recordarlo no solo en determinadas fechas como esta del 16 de enero aniversario  86   de su desaparición física o el 20 de diciembre día de su natalicio en 1899,  en Alquízar, actual provincia de Artemisa.

Rubén nació casi con el inicio de la neo colonia. Su vida   transcurrió  en pleno siglo 20  cuando todavía  resonaba en el corazón  de los cubanos, los ecos de la lucha Independentista contra el poderío Español iniciada por Carlos Manuel de Céspedes; las hazañas de la familia Maceo-Grajales; la epopeya de  José Martí y estaban ahí hombres como Quintin Bandera, Máximo Gómez, Juan Gualberto Gómez y Salvador Cisneros Betancourt, entre otros que habían  estado en la manigua de combate, y no se resignaban a depender ahora de los Estados Unidos.

A Villena no solo debe recordársele como el niño que desde los11 años mostró sus dotes como poeta, cualidad que descolló y trascienden hasta hoy sus poemas; ni como el joven  de la Protesta de los Trece debido a la compra por el gobierno de turno, Alfredo Zayas,  del Convento de Santa Clara; sino debemos tenerlo presente  también como el revolucionario perseverante y convencido, el cubano que dejó a un lado su crítico estado de salud para ponerse al servicio de Cuba hasta  su último aliento.

Poca salud tenía este joven delgado y de ojos azules, pero nunca se amilanó cuando la Patria lo necesitaba. Ahí estuvo él como miembro destacado del primer Partido Comunista de Cuba luego del asesinato en Méjico de su compañero de lucha Julio Antonio Mella.

 Desde esta posición, organizó innumerables  huelgas que hizo tambalear la Dictadura de Gerardo Machado, a quien había llamado Asno con garras, y como reacción   la orden fue  hacerlo desaparecer, motivo por el cual  en 1930, el joven  sale hacia Nueva York y en septiembre  viajó a Moscú donde participó  como delegado por la Confederación Nacional Obrera de Cuba, en el Congreso de la Internacional Roja.   

 Rubén Martínez Villena fue un joven de ley. No todos hubieran mostrado su templa al conocer que estaba a punto de morir a pesar de no haber cumplido los 31 años.  Pero  adoptó la actitud de los Héroes y luego de recibir  atención médica en Sanatorios de la Unión Soviética regresó a la Patria  en 1933 etapa en la cual estuvo de paso por Santiago de Cuba para llegar luego a la capital del país

Su actividad revolucionaria alcanzó la intensidad  que le permitieron sus desquebrajados  pulmones. Aún así fue esencial su presencia en la dirección de la Huelga General del 12 agosto de 1933  que causó el derrocamiento de la dictadura de Gerardo Machado.

Esa sería la mayor satisfacción de sus luchas puesto que ya estaba sentenciado a muerte como lo expuso en su obra Canción del sainete póstumo…

Yo moriré prosaicamente, de cualquier cosa
¿del estómago, el hígado, la garganta, ¡el pulmón!?
Y como buen cadáver descenderé a la fosa
Envuelto en un sudario santo de compasión.
Aunque la muerte es algo que diariamente pasa
Un muerto inspira siempre cierta curiosidad;
Así, llena de extraños, abejeará la casa,
Y estudiará mi rostro toda la vecindad.

Para  finalizar sus versos escribió:

Los amigos de ahora —para entonces dispersos—
Reunidos junto al resto de lo que fue mi «yo»
Constatarán la escena que prevén estos versos
Y dirán en voz baja: — ¡todo lo presintió!

En 36 años de existencia, Rubén Martínez Villena dejó una rica trayectoria.  No dudó en  poner sus conocimientos como abogado  en defensa de los más humildes  y de los dirigentes obreros encarcelados o perseguidos. Defendió a Julio Antonio Mella cuando estaba en una situación muy delicada debido a la prolongada huelga de hambre como una forma de lucha contra la sangrienta y déspota dictadura machadista y siempre dejó clara su convicción  revolucionaria.

Rubén fue de los  patriotas que se hicieron sentir cada día por su constante accionar. No se escudó   en su   enfermedad para estar alejado de la vida política del país, por ello  sus seguidores le acompañaron hasta su última morada, y sus méritos trascendieron a la cima con inigualable emoción aquel 26 de julio de 1973 cuando en esta histórica ciudad, Fidel concluiría su discurso con aquellos versos encendidos de  su   Mensaje Lírico Civil  escrito cuando estuvo prisionero  en el VIVAC, el 21 de marzo de 1923…

Hace falta una carga para matar bribones,

para acabar la obra de las revoluciones;

para vengar los muertos, que padecen ultraje,

para limpiar la costra tenaz del coloniaje;

para poder un día, con prestigio y razón,

extirpar el Apéndice de la Constitución;

para no hacer inútil, en humillante suerte,

el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte;

para que la República se mantenga de sí,

para cumplir el sueño de mármol de Martí;

para guardar la tierra, gloriosa de despojos,

para salvar el templo del Amor y la Fe,

para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos

la patria que los padres nos ganaron de pie.

Fidel aquel día le respondió  a Rubén, que el 26 de Julio se convirtió en la carga que él pedía.

Esa fue una hermosa manera de decirles a los cubanos la grandeza y la eternidad del hombre que nació con el Inicio de la Primera ocupación militar de Estados Unidos en Cuba y falleció con la caída de la Dictadura de uno de sus gobernantes de turno, Gerardo Machado.

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