Sales a la calle

Santiago de Cuba, 13 de ene. – Caminas lentamente porque ayuda a despabilar las ideas. Luego frente a la máquina hay que organizarlas, exponerlas, retocarlas, cribarlas y asearlas para que digan lo que uno pretende decir o al menos algo semejante; pero eso viene después, ahora caminas. Tomas Pedrera arriba con dirección al taller de gráfica situado en los bajos del edifico de 18 plantas de Martí y la Central. Cuando pasas por el parquecito aumentas el ritmo. Habitualmente en sus bancos se sientan algunos de los borrachitos buenos del barrio. No tienen horario: uno no puede definir con exactitud si se despertaron muy temprano o si permanecen en vela.

Pasas veloz para evitar el ritual: alguien te pide un cigarro, se lo das; otro te brinda un trago, lo rechazas, tienes que trabajar. Pero hoy ni lo uno ni lo otro.  Pasas y están tan entretenidos que ni se enteran. Primer error del día, mal augurio, dices y vuelves a apretar el paso. A los borrachitos le falta su líder: Torres falleció recientemente. No pronuncian palabras como democracia o anarquía, pero conocen sus contenidos y lo practican. Se niegan a elegir un nuevo jefe, ni falta que les hace: mandan y obedecen alternativamente, actúan por consenso, vocablo ajeno a su mundo y eso es bueno: hay quienes se saben el diccionario de cabo a rabo y no ejercitan el consenso.

Como casi siempre eres el primeo en llegar al taller. Enciendes la computadora: tienes que aprovechar la tranquilidad para escribir con calma. Al filo de las ocho llegan los tres trabajadores y el dueño. Aparecen los clientes yel taller se llenade peticiones y apremios. Aunque tu tarea se limita a organizar los contratos y a sacar cuentas, participas en casi todo. Cuandola algarabía sube de todo te refugias en la burocracia. Hoy aprovechas la quietud y escribes sobre las mañanas, la parte más hermosa del día.

Tus compañeros comienzan a llegar. Consultas el reloj y sales a la calle en dirección a la emisora, a Radio Mambí. Hoy es un día extraordinario: el de tú cumpleaños mensual, hoy es día de cobro. Para incrementar la trascendencia de la jornada hay una reunión de periodistas y puedes saludar a tus colegas: a las muchachitas de la página: Yaisel y Lianne, hermosas y eficientes; a Diana, quien sabe ejercer su responsabilidad como jefa de información. ¿De dónde Gertrudis, la directora, habrá sacado tantas mujeres bellas e inteligentes? ¿Cómo se la arregla para que sus gentes sean unidas y buenas? ¿Cómo?

Con los bolsillos satisfechos caminas hacia el centrode la ciudad. En Prensa Latina te reciben como de costumbre. Pasas por economía para saludar a Yordanka, como casi siempre está ante una montaña de papeles que solo ella sabe organizar con rapidez y eficiencia; en la oficina del director está Candito, tú amigo, intercambian sobre temas de actualidad, te place oírlo, disfrutar de su experiencia política y de su habilidad para orientarse en elanálisis de asuntos complejos. Dimas, aparece con un buen café. Lo degustan, salen a fumar un cigarrillo y platican entre hermanos. Arranca para el Parque Céspedes, el corazón de la ciudad.

El edificio del antiguo Ayuntamiento, el sitio desde donde Fidel Castro, el LíderHistórico de la RevoluciónCubana, anunció al mundo el triunfo revolucionario el 1 de enero de 1959,está en proceso de remodelación. Pronto se convertirá en el museodel Primer Frente Rebelde, como homenaje a quienes hicieron posible la victoria en la lucha contra las fuerzas de la tiranía pro imperialista de Fulgencio Batista. Observas el ajetreo: un enjambre de constructores y técnicos trabajan sin descanso y compruebas que lo afirmado por el Conservador de la Ciudad es exacto. Aún la obra no está concluida pero pronto tendremos un museo con todas las de la ley, un museo dignodel siglo XXI.

Regresas a casa. Recuerdas uno a uno los detalles de la excursión. Hoy tienes deseos de ser otro sin dejar de ser tú mismo. Te aprestas aescribir, pero recuerdas que tienes pendiente una invitación. Te cambias y sales a la calle. Unos amigos del barrio, empeñados en proseguir el holgorio hasta el infinito, te reciben con abrazos. Aprovechas la confusión y te refugias en una esquina discreta del patio. El 31 compartiste con tus vecinos, nadie te obligó. Ahora prefieres observar, pero ni eso puedes. No has terminado de acomodarte en una silla que alguien trajo y viene otro con una botella en ristre y te sirve un trago antológico, lo agradece y lo bebes de un tirón. El otro te mira y admira, entonces sonríes y extiendes el vaso: me sirve otro trago, por favor, te oyes decir.

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