Santiago de Cuba no da tregua al nuevo coronavirus

Cuando la terrible pesadilla que representa la epidemia por el nuevo coronavirus sea un triste recuerdo, habrá que evocar las historias cotidianas escritas en Santiago de Cuba, donde no se dio ni un minuto de tregua a la letal enfermedad.

Contra la COVID-19 se buscan todas las alternativas para contenerla, enfrenarla y controlarla, se enfocan todos los cañones y ponen en tensión todas las fuerzas en aras de evitar la propagación y salvar vidas, no solo del territorio nacional, sino en cualquier parte del mundo donde el modesto concurso de Cuba sea necesario.

Con el propósito de afrontar la emergencia sanitaria que tiene en vilo a más de 180 países que reportan casos positivos al nuevo coronavirus, surgen historias altruistas de mujeres y hombres que dejan atrás hijos, esposos o esposas, padres, madres, hermanos, amigos, para combatirlo en el primer frente de batalla.

El primer y gran aplauso perenne, no únicamente el de cada día a las nueve de la noche, se lo ganan la legión de especialistas, médicos, enfermeros y técnicos, quienes arriesgan su propia vida para salvar la de otros no importa si están en Santiago de Cuba, en Italia, en Surinam, o en Angola.

Precisamente, profesionales santiagueros de la salud ponen en alto el humanismo de la Medicina de la Isla como integrantes de las brigadas internacionales para situaciones de desastres Henry Reeve, que ya escriben proezas en varias naciones en aras de mitigar dolor, curar y salvar.

Un sitio en esta historia de generosidad y amor al ser humano lo ocupan los trabajadores del Hospital Militar Joaquín Castillo Duany, en la Ciudad Héroe, que están cara a cara en la atención a pacientes de la COVID-19, así como los del centro de aislamiento y del Laboratorio de Microbiología, donde se estudian muestras del oriente del país para detectar casos positivos a la enfermedad.

También lo merecen los médicos y enfermeras de los consultorios que constituyen una fortaleza del sistema de salud cubano, pues allí dan igualmente en la diana al realizar las pesquisas activas, con el apoyo de los estudiantes de Medicina; el chequeo a los viajeros, búsqueda para detectar contactos con los casos positivos y atención a las personas más vulnerable de la comunidad.

En esta pelea contra la COVID-19 están hasta los choferes del transporte público que exigen el uso del nasobuco para montarse en cualquier ómnibus, los miembros de la Policía Nacional Revolucionaria que cuidan el orden y la tranquilidad ciudadana, los trabajadores del comercio y los servicios que siguen laborando para que las familias puedan adquirir los productos vitales.

Pero para que esta historia pueda contarse en el futuro será necesario que todas las personas sean responsables, disciplinadas y cumplan las nuevas medidas reforzadas por el Gobierno cubano ante la urgencia de evitar contraer una enfermedad que sigue con un alto nivel de contagio, creciendo en casos positivos y en muertes.

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