Santiago de Cuba, símbolo de cubanía

Santiago de Cuba, 20 de oct.- Todo  hombre o mujer que  se siente Cubano  se estremece cuando llega el 20 de Octubre, porque la nacionalidad  toca hondo cuando se escuchan  las notas de nuestro Himno Nacional, ese  que se cantó en la ciudad de Bayamo tan solo días después de iniciada la Guerra por la Independencia de Cuba hace exactamente 150 años.

De Carlos Manuel de Céspedes y de Pedro  (Perucho) Figueredo  se alude necesariamente un día como hoy. Ellos pertenecieron a  la ilustre sociedad bayamesa y allí tejieron su historia.

Pero la casualidad quiso que estas dos personalidades del siglo XIX encontraran la eternidad en la ciudad de Santiago de Cuba, por ello este día es de  homenaje  a quienes llevaron a lo más alto nuestra identidad y es de fiesta porque  nos dejaron el Canto  encendido  de una Marsellesa cubana, para que nos sintamos orgullosos de nuestra tradición.

Cada sitio cuenta su historia.  En esta jornada miembros del proyecto de la ciudad ¨Las calles y sus nombres¨  se dieron cita en el lugar conocido como El Matadero, donde hasta el 2012 permanecía, el muro que encerraba  su propia anécdota, como un monumento a lo ocurrido allí  y que vincula a esta ciudad con el hombre que escribiera  las estrofas de nuestro  Himno Nacional.

Perucho Figueredo fue uno de los intelectuales talentosos de su época, pero cuando  tuvo que decidir,  escogió el sendero más difícil. Se unió al Padre de la Patria,  apoyó el Levantamiento en el Ingenio  Demajagua  y  abandonó comodidades para liberar a Cuba  del colonialismo español.

Él fue de los que marchó a la manigua luego del incendio de la ciudad de Bayamo. En circunstancias muy difíciles enfermo de tifus, y  debido a las lesiones en los pies y las dificultades para caminar fue hecho prisionero por los españoles, quienes  en gesto de humillación lo conducen descalzo y montado en un asno al lugar escogido para su fusilamiento  en el muro del llamado Matadero.

Con dignidad, Perucho  rechaza el ofrecimiento español   de perdonarle la vida si abandona la lucha. Y su enérgica respuesta  ante de sentirse los mortales disparos aquel 17 de agosto de 1870, ya estaba escrita  en el Himno de Bayamo: Morir por la Patria es vivir.

Cómo imaginar que aquella música interpretada por primera vez en una festividad religiosa  en la Iglesia Parroquial de Bayamo, el 11 de junio de 1868,   se convertiría en el Himno de los mambises a partir del 20  de Octubre. Quién iba a pensar  la trascendencia  hasta hoy de La Bayamesa…

Resulta curioso además, la participación de José Martí en la conservación del texto de La Bayamesa, pues  el apóstol   publicó la letra y una variante musicalizada por Emilio Agramonte, en la edición del periódico Patria  del 25 de junio de 1892, donde expresó:

 Patria publica hoy, para que lo entonen todos los labios y lo guarden todos los hogares; para que corran de pena y de amor, las lágrimas de los que lo oyeron en el combate sublime por primera vez. Para que espolee la sangre en   las   venas   juveniles,   el   himno   a   cuyos   acordes,   en   la   hora   más   bella   y solemne   de   nuestra   patria,   se   alzó   el   decoro   dormido   en   el   pecho   de   los hombres. ¡Todavía se tiembla de recordar aquella escena maravillosa!

Y todavía hoy el santiaguero que conoce lo ocurrió en el antiguo  muro del Matadero destrozado por el Huracán Sandy en el  2012, también  tiembla de emoción y  es posible que este veinte de octubre al pasar por este lugar, se sienta más cubano y entone las notas del Himno Nacional, puesto que aquí también se guarda parte del patrimonio tangible de lo que significa Día de la Cultura Cubana.

Por Agustina Belle Bell.

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