Santiago de Cuba vestida de verde olivo

Santiago de Cuba, 30 de nov.- “Calificado por Frank País como el espectáculo hermoso de todo un pueblo peleando por su plena libertad, el levantamiento armado del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba reveló que, a pesar de la represión impuesta por el régimen del tirano Fulgencio Batista para maniatar a las clases más humildes, la población santiaguera constituiría un firme baluarte en la lucha revolucionaria”.

Así comienza su artículo la joven Beatriz Rodríguez Guía. Me impresionó su decisión de escoger un tema histórico entre las muchas opciones posibles que le dimos. En reconocimiento a su determinación y, sobre todo, en homenaje al pueblo que se vistió de héroe hace 63 años escribo este comentario sobre el texto de la estudiante de Comunicación Social de la Universidad de Oriente.

La actuación de los más diversos sectores del pueblo santiaguero, en la heroica acción trasciende incluso la visión y la confianza que le concediera antes del alzamiento su propio jefe, un hombre de apellido justo e ilustre: Frank País García.

La participación organizada del pueblo superó todos los optimismos y devino momento clave en la ulterior derrota de la tiranía batistiana. Santiago de Cuba siempre fue rebelde y el asalto al Cuartel Moncada, dirigido por el joven revolucionario Fidel Castro Ruz, el 26 de julio de 1953, avivó el fervor revolucionario. Pero, los sectores populares, las principales víctimas de las injusticias de entonces no estaban suficientemente estructurados, ni poseían un programa de lucha bien definido.

Las manifestaciones de repudio al régimen instaurado por Batista a partir del golpe del 10 de marzo de 1952 se organizan a través de células revolucionarias pertenecientes al Movimiento 26 de julio, fundado por Fidel Castro, el Líder Histórico de la Revolución Cubana. Frank País fue designado Jefe de acción y sabotaje del movimiento y le correspondió organizar el alzamiento del 30 de noviembre que tenía como misión apoyar el desembarco del Granma , pues el yate debía llegar a Cuba en esa fecha.

El levantamiento fue cuidadosamente organizado, involucró a 350 hombres y 72 mujeres en varias acciones combativas y de aseguramiento en diferentes puntos de la ciudad. Durante el ataque a la Estación de la Policía Nacional cayeron en combate tres valiosos compañeros: Otto Parellada, Pepito Tey y Tony Alomà.

El 30 de noviembre, enfatizaba Frank, fue la primera vez que en Cuba se vistió el uniforme verde olivo, ese que devino todo un símbolo durante la lucha insurreccional y lo es hoy pues identifica a los combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior. La unidad lograda entre los luchadores clandestinos y el pueblo evitó aquel día que se cometiera una masacre similar a la desatada por el régimen el 26 de julio de 1953, asegura Beatriz Rodríguez.

Al valorar la heroica actitud de los santiagueros el 30 de noviembre de 1956 y su contribución al fortalecimiento de la lucha clandestina, donde cientos de hombres y mujeres entregaron o arriesgaron su vida por la Patria, en el 23 aniversario del heroico levantamiento armado de Santiago de Cuba, el entonces Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, expresó: “La organización creada en Santiago de Cuba formó parte del núcleo de todo el trabajo clandestino revolucionario y las directrices que para ello trazó Frank País estuvieron vigentes durante toda la guerra y dieron la tónica a todos los esfuerzos desarrollados en esa dirección. Es realmente admirable que Frank haya podido intuir de modo tan complejo los principios básicos del trabajo con las masas”.

La autora del artículo referenciado concluye su texto al señalar: “El 30 de noviembre de 1956, Santiago de Cuba fue un ardor en nombre de la vida y la esperanza. Durante varias horas la libertad asaltó al amanecer. Sin duda, la mejor señal para el futuro”. Sus palabras me recuerdan algo que dije durante un homenaje a Frank País: “Hombres hay que dejan huellas indelebles y se meten en tu carne aunque nunca le dieras la mano. Son hombres que merecen respeto y sobre todo continuidad. No seriamos honrados si actuáramos de otra manera. Al menos eso creo”.

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