Santiago de Cuba y el 61 aniversario de la Revolución

Santiago de Cuba, 18 de ene. – Hay una opinión bastante generalizada: el cumpleaños constituye la celebración más significativa para cualquier persona. Pero hay un cumpleaños de todos o de casi todos, el de la Revolución Cubana, que arribó a su 61 aniversario. Santiago de Cuba tiene razones para enorgullecerse porque es parte significativa de esa victoria. No solo por su aporte a la lucha revolucionaria en la sierra o en la clandestinidad o porque  fuera el escenario donde se declarara el triunfo rebelde , no solo por su historia que es relevante, sino por lo que hacen sus hijos que no lo es menos.

A fines de diciembre se conmemoraron hechos decisivos que condujeron al triunfo popular del 1 de enero de 1959. Estas celebraciones reafirman que no olvidamos la historia de dónde venimos porque somos su continuidad. Por esa razón también el fin de año sirvió para retomar hechos fundamentales para el país como la aprobación de la Carta Magna de la República de Cuba, el retorno digno de los médicos que cumplieron su noble misión en Ecuador y Bolivia, la labor de los educadores, de los deportistas – de los 4 campeones mundiales cubanos de 2019, 3 son santiagueros -, de todos los que hacen bien lo que les corresponde.

Cualquier análisis debe considerar el desarrollo de las inversiones en áreas sensibles para la vida económica social de la provincia y del país. Mención aparte merece la construcción de obras sociales que rejuvenecen la ciudad, entre ellas las del proyecto Santiago Arde, iniciativa que cumplió tres años y que ha contribuido a elevar la calidad de vida de la población en general y en particular la de algunos barrios periféricos, los cuales amplían los servicios para sus pobladores, en grado tal que se han convertido en un referente nacional.

El Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, donde se atesoran las cenizas de Fidel Castro, el Líder de la Revolución Cubana,  recibe constantes visitas de personas de los más diversos credos políticos. El monolito se ha convertido en visita obligada de extranjeros y cubanos. A menudo hay marchas y actos patrios que congregan a miles de agradecidos quienes desfilan frente al monolito: la visita a este sitio venerado por muchos, deviene tradición. El pasado 4 de diciembre, hubo una peregrinación popular para homenajear a su líder tres años después de su partida hacia la inmortalidad.

La culminación de un año  conduce casi siempre a resumir lo hecho y prepararse para lo que  falta por hacer, sobre todo lo que podemos hacer mejor entre todos,  que es lo que  las nuevas generaciones agradecerán más; así sucede  en el país y  en otras muchas partes: el nuevo año suele despertar nuevas esperanzas. Sí, Santiago de Cuba tiene muchas razones para congratularse, muchas razones para continuar las celebraciones y sobre todo para trabajar, y hacerlo bien.

Si alguien ignoraba que el bloqueo es una política genocida, su recrudecimiento, despeja cualquier duda. Si alguien desconocía nuestra capacidad de resistencia, ya la conoce. Las medidas agresivas para evitar la entrada de combustible provocaron una situación de emergencia energética. La dirección de la Revolución adoptó medidas para afrontar la escasez sin detener elpaís, la reacción popular fue contundente: confirmó nuestra vocación por la firmeza. Ante la agresividad del enemigo hay que protegerse, construir una muralla de ideas y de pueblo.

En Santiago de Cuba, como en toda la Isla, se trabaja para consolidar el nuevo modelo económico social en desarrollo, hay que privilegiarlo. Santiago necesita consolidar la actual cosecha cafetalera, cumplir con la zafra azucarera y rescatar la cultura de la caña, incentivar el desarrollo local, propiciar las exportaciones, optimizar las inversiones, en estos empeños se impone sumar a los indecisos y despabilar a los indiferentes, porque se trata de construir el Santiago que queremos para todos entre todos quienes lo queremos.

Las prioridades están claramente definidas: producir más alimentos, estimular las exportaciones y disminuir las importaciones, ahorrar en todo lo que se hace, construir más viviendas, cuidar de la higienización, combatir si desmayo las indisciplinas sociales, afrontar con decisión las manifestaciones de delitos e ilegalidades, en fin, dicho en seis palabras: trabajar sin descanso, obrar como pueblo. Creo que ese el camino trazado por la Revolución y que para los santiagueros constituye motivo de orgullo la oportunidad de transitar por él.

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