Santiago de Cuba y su especial encanto

Santiago de Cuba,  28 de oct.- El hecho de que Santiago de Cuba, con más de cinco siglos de fundada como villa, se formara entre el mar y las montañas le confieren una extraña combinación y a la vez un encanto muy especial, influyendo en la idiosincrasia de sus pobladores.

Algunos se afanan en descubrir el misterio de lo real maravilloso santiaguero, y acentúan atributos que definen al oriundo de esta tierra, al cual la geografía, el clima y la historia han trazado una identidad que destaca  con contornos muy firmes en el contexto de la cultura cubana.

Un calor abrasador en el verano sobre sus habitantes también tiene su cuota en esa definición, con una temperatura promedio de 35-36 grados centígrados a la sombra que decide en todas las acciones de la vida.

Otro elemento que ha marcado su identidad es el carácter sísmico de una región cuya inestabilidad del suelo quizás ponga cierto tono de inseguridad en personas que han sentido los quejidos que brotan de la Fosa de Batler, y no se acostumbran a ver temblar sus viviendas.

Son indicios de que la sociedad santiaguera ha vivido siempre apresada entre la libertad que le ofrece el mar y la inmovilidad a que la condenan las montañas; entre el miedo a los terremotos, a los ciclones y el calor.

De suerte, que cada año, en julio, rompe el carnaval, su fiesta emblemática con fama nacional, que da paso en todo su esplendor a la alegría del pueblo.

En sus orígenes del siglo XVII y todo el siglo XVIII en este predomina la música española, luego la guitarra es sustituida por el tambor africano a finales del XVIII y primera mitad  del XIX hasta hoy, pues toda la percusión aún es africana, el ritmo, la conga son elementos que definen su cultura.

El  “ajiaco santiaguero” siguió las pautas generales que el etnólogo, antropólogo, jurista y periodista Fernando Ortiz  Fernández observó para toda la cultura cubana, pero aquí incluyó algunos ingredientes específicos que lo distinguen, mientras otros estuvieron en proporciones diferentes en relación con estos mismos procesos en el centro y occidente de la Isla.

Las culturas indígenas asentadas en esta región de Cuba durante miles de años antes del arribo de Diego Velázquez, dejaron su impronta en la toponimia, la dieta, la música y las creencias religiosas locales.

El poblado de El Caney, reserva indígena desde principios del siglo XVII, mantuvo un intenso intercambio cultural con Santiago durante más de 200 años, que aún está por estudiarse.

Se considera que el peso de la cultura indígena es más alto en esta tierra y en todo el oriente que lo que puede apreciarse en el occidente, confirmado con más de 130 sitios arqueológicos y muestras de asentamientos hasta en el reparto Sueño y en el Caso Histórico.

El  “ajiaco santiaguero” absorbió el legado extraordinariamente rico de las culturas ibéricas. El núcleo hispano fundacional sentó las bases de una ciudad española  que en cuanto pudo se deshizo de las tablas de palma, el guano y el casabe; una ciudad abierta al mestizaje, pero con una clara voluntad, de no africanizarse ni afrancesarse.

Tal naturaleza hispana solo cedió ante el empuje de lo criollo.

Cuando la ciudad recibió en las primeras décadas del siglo XX una gran oleada de inmigrantes hispanos, los acogió con hospitalidad; los bodegueros animaron el comercio, la industria y el transporte; mientras, los vendedores ambulantes gallegos, con sus pregones ponían una nota pintoresca en las calles.

La herencia de Santiago es irreversible y apenas si hay alguna zona de su patrimonio material y espiritual donde no esté esa huella.

Hubo predominio de la emigración catalana, con influencia en la música coral, de arraigo aquí, y de cuyas raíces bebieron los maestros locales.

África también hizo un aporte definitivo, desde Juan Cortés, el negro esclavo de Hernán Cortés, hasta los que introdujeron los dueños de hatos, corrales y trapiches; los concesionarios de la mina de cobre de Santiago del Prado y los dueños de plantaciones de café y azúcar.

Del Congo llegó un poco de la alegría de vivir del  santiaguero, de lo proclive que es a hacer de la existencia una fiesta, herencia que también marca el río de misterio y magia que desde hace siglos circula por las arterias de los barrios del Santiago de Cuba profundo.

Con el tiempo otros ingredientes fueron enriqueciendo el caldo cultural local como los franceses, que impactaron fuertemente en esta zona de Cuba.

Ellos modernizaron la ciudad  e inundaron la región de esclavos africanos para trabajar en los cafetales; penetraron  en el momento en que estaba en proceso de cristalización la identidad, lo cual hace probable que exista alguna nota francesa en la sinfonía santiaguera.

Otras aristas de la historia local tal vez influyeron en la  personalidad del santiaguero: La legendaria imagen de este como valiente luchador, que muchos suponen en las hazañas de la División Cuba, las glorias de la familia Maceo-Grajales o la célebre invasión a occidente.

Ese sentimiento alcanzaría su expresión política con las guerras contra el colonialismo español, de las cuales Santiago de Cuba fue escenario vital y su gente actores protagónicos; además continuó alimentándose en la época contemporánea, al ser la ciudad y sus montañas bastiones de la lucha por la libertad.

Por: Aída Quintero Dip.

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