Santiago: la patria pequeña de cada día

Hay que construirla día a día, con modestia pero con firmeza; sin alentar el chovinismo vano ni la jactancia vacua; sin creernos cosas sino haciéndolas. Hay que remodelarla sin menospreciar los valores que nos identifican aunque a veces ni reparemos en ellos.

Se precisa que hagamos las cosas con hidalguía, calidad, respeto y entereza. Y no siempre obramos de esa forma; a veces por ignorancia, en ocasiones por indiferencia. Claro: están quienes piensan distinto aunque no se pronuncien: callan y otorgan; es su derecho que no su deber: el silencio cómplice suele ser mala estrategia.

Están los amigos de la desidia, los que pretenden ascender socialmente por la ruta más corta sea o no lícita, los acaparadores, los revendedores, los indolentes y otros especímenes de una fauna poderosa más que por el número de sus miembros, por su capacidad trasgresora y su irresponsabilidad capaz de comprometer la labor de todos y entorpecer los empeños.

En respuesta a tales actitudes las autoridades de la provincia redoblan sus acciones para combatir las indisciplinas sociales, el delito, las ilegalidades; fenómenos nocivos que en tiempos de pandemia son aun más repudiables.

Como parte del combate está la labor de los medios. El periódico provincial Sierra Maestra publica los resultados del enfrentamiento, refleja tanto las violaciones detectadas como las medidas adoptadas contra los infractores.

Los lectores agradecemos y deberíamos implicarnos más porque sabemos dóndeestán quienespretenden vivir de nosotros, el enemigo que está en casa, al doblar de la esquina o en la esquina misma. Ojalá que estos mensajes también alertena los infractores y a los incapaces, a los indolentes y a los ingenuos, a los que tiene responsabilidades, es decir a la población como totalidad: se trata de un asunto donde se define la higiene social.

El país que hacemos no lo puede evitar nadie: la ciudad llamada Santiago de Cuba, la combatiente Santiago, es inevitable: a pesar de bloqueos externos y de pifias internas, que debemos aprender a afrontar; a pesar de los pesares estamos. Duele hablar de sus flaquezas pero es menester hacerlo.

Molesta hablar de personasirracionales que actúancontra ellos mismos y ponen en riesgo la vida de todos incluida la suya. Mas, no hay opción, peor es el silencio. Reconocer los problemas y decirlo con valentía es parte del combate para mejorar lo que somos y prepararnos para lo que viene.

Cuando hablamos de nuestras dificultades no es frecuente que citemos una anterior a la pandemia: el domingo. Se supone que es el mejor día de la semana, el que menos personas trabajan, aunque hay quienes no trabajan nunca, algunos son especialistas en simulación y otros laboran con tamaño irrespeto por la eficiencia y la calidad, que tal vez sería mejor que nitrabajaran, pues lo único que producen son problemas.

Se reiteran los llamados a la conciencia, de acuerdo, pero deberíamos asumir que existenoídos insensibles e individuos tan irracionales que aun cuando, por ejemplo, el neoliberalismo fracasa estrepitosamente lo señalan como una opción. Claro, como gusta decir al expresidente Rafael Correa, cada cual tiene derecho a hacer el ridículo.

El Presidente cubano Miguel Díaz-Canel reitera el protagonismo de la empresa estatal socialista y subraya la necesidad de su eficiencia. El Estado cubano a todos sus niveles asume estos conceptos en los cuales Santiago ha trabajado duro. Y entonces: ¿Cómo entender que en la base haya quiénes aun no asimilan una verdad tan obvia que hasta las piedras reparan en ella? ¿Cómo entender que si la constitución reconoce la pertinencia de otros actores sociales y define su papel en la economía haya quienes los magnifiquen y le otorguen un lugar que no les corresponde?

Creo que es pertinente retomar de cuando en cuando los conceptos apuntados para despejar cualquier duda. Dichas definiciones constituyen brújula, indican con nitidez el camino por donde debemos transitar todos unidos, pero conscientes del papel de cada cual y de la manera óptima de cumplirlo.

Parece procedente que los santiagueros nos interroguemos una vez más sobre el lugar que nos corresponde en esta batalla permanente, en tiempos de pandemia o depost pandemia, en el combate cotidiano paraconstruir la patria pequeña de cada día, en una realidad tensa y, por tanto, más digna de ser afrontada por todo el que se sienta santiaguero.

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