Santiago y su son de altura

Santiago de Cuba, 22 de jun. – El son es parte sustantiva de la identidad de Santiago de Cuba y del país, por ello permítanme reproducir de forma resumida un trabajo escrito para Prensa Latina en 2012, pero vigente. En aquella ocasión escribí cosas como las que a continuación reitero. Al final complementaré el análisis con algunos criterios de la periodista Claudia González con quien tuve el honor de trabajar.

La declaración del son como patrimonio cultural inmaterial de la nación cubana, oficializada en el recién finalizado Festival Matamoros Son, causó revuelo en el mundo de la música. El presidente
de honor del evento, el reconocido compositor cubano Adalberto Álvarez, destacó la importancia de este género musical, pues lo considera una expresión de identidad, por lo cual debe asumirse como un elemento que identifica a la gente de esta isla caribeña. Álvarez subrayó que «el son es el género musical cubano más reconocido en el mundo. Muestra de ello resultan los éxitos de grupos soneros del país cuando viajan al exterior, y el interés de turistas de todas partes que vienen a Cuba, entre otras razones, para disfrutar de nuestra música, en general, y del son, en particular».

Orlando Vistel, calificó este suceso como «un acto para reverenciar al son de forma oficial, para reconocerlo como un tipo de música que nos identifica y nos define”. Y agregó que este fenómeno nacional no se circunscribe a un lugar o a un músico específico, sino constituye el resultado de la interacción social, en tanto resulta un elemento que participa en la formación de la nacionalidad cubana. «Aunque cada zona del país tenga su modo particular de hacer sones, la esencia es la misma porque todos aportamos a su desarrollo y  nos identificamos con él» y añadió que entre los temas dominantes en los textos sobresalen el amor, especialmente por la mujer, la crítica social y las costumbres: «El son refleja la vida del cubano, por eso el cubano se identifica con él”, concluyó.

Por su parte, Rodulfo Vaillant, presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba en la provincia, recordó que esta zona de la isla está reconocida como la cuna de varios géneros musicales, entre ellos el son. Santiago, señaló, es una plaza relevante de la música tradicional cubana, entre otras razones porque aquí nacieron reconocidos compositores e intérpretes de ese ritmo como Sindo Garay, Pepe Sánchez, Miguel Matamoros, Ñico Saquito, Compay Segundo y Eliades Ochoa. «El son es en la actualidad el baile nacional», añadió Vaillant, e informó que Santiago de Cuba posee más de 40 septetos soneros.

El también compositor explicó que el desarrollo de los grupos de pequeño formato se debe, además de la tradición sonera del territorio, a razones prácticas, pues a inicios del llamado período especial resultaba más fácil apoyar económicamente a los pequeños grupos que a las grandes orquestas.
Esto, dijo, sin contar que la situación también resultó más factible cuando el desarrollo de la industria turística demandó mayor presencia de la música tradicional cubana. Dentro de este contexto sobresale el Septeto Santiaguero, conjunto que en sus 25 años de bregar artístico ha recreado piezas antológicas hoy parte del repertorio de la música popular cubana, como las interpretadas por Miguel Matamoros o Arsenio Rodríguez, para solo citar dos paradigmas.

Hasta aquí el resumen de lo que escribimos cuando el son fue declarado patrimonio cultural inmaterial de la nación cubana. En su artículo: El son en el espíritu santiaguero, publicado por la revista Siempre Santiago no 2, la periodista Claudia González Catalán, ofrece un conjunto de criterios bellos y contundentes. Aprovechamos que se articulan con lo que venimos proponiendo y con el hecho de que se acerca uno de los momentos donde el cultivo del son fructifica con mayor  fertilidad: los carnavales santiagueros, para reafirmar las consideraciones de la articulista.

“Todavía, escribe González Catalán, se escuchan los acordes del Festival Matamoros Son  donde se reconoció de forma oficial, lo que ya todos sabíamos: que el son es de lo más precioso de nuestra cultura. Dígase son y habrá que olvidarse ya de partituras y formalidades porque quien diga que el son es solo un ritmo musical, nunca ha venido a Santiago de Cuba, donde  la gente habla cantando, camina bailando y vive soneando, porque lleva el son en la sangre”.

En Santiago de Cuba agrega: “se reescribe todos los días la historia del son y la vida se pone al margen de la vorágine del mundo y anda con paso cadencioso y carga las nostalgias todas del sombrero de pajilla, la guayabera almidonada o el amor lejano cantándole bajito al oído”. Así habla una joven periodista; y creo que tiene razón porque, si el son es lo más sublime para el alma divertir,  sin un ápice de regionalismo, podemos afirmar sin temores que el son santiaguero es de altura, esa que solo es auténtica cuando viene de las entrañas de lo  popular.

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