Santiaguero por adopción y por amor

Conversar con Lázaro Expósito Canto es siempre un honor, no por ser el querido y respetado primer secretario de la indómita Santiago de Cuba hace ya más de 10 años, sino por sus valores: humano, revolucionario, fidelista, sincero, por su jovialidad y ese carisma que lo enaltece y lo hace hombre de pueblo.

Sin duda, destaca, entre otras muchas cualidades, por su amor a la heroica, hospitalaria y rebelde Santiago; cierto, es villaclareño por nacimiento; también granmense por adopción, pero santiaguero por amor, de esos que defienden no solo su tierra, sino también a su gente, sus valores, cultura, tradiciones, de los que sueñan con una urbe cada vez mejor para el disfrute de sus coterráneos y de toda Cuba.

Entrevistarlo es todo un reto. Aunque muchos no lo crean, no es “amigo” de las cámaras ni grabadoras; aceptó porque se trataba de la tierra caliente, de esta ciudad que hoy está cumpliendo 505 años, añeja, pero cada día más bella e iluminada, donde se trabaja con empeño para brindar una mejor calidad de vida a su pueblo.

Nuestro primer secretario se emociona al recordar sus primeros pasos en medio de los santiagueros. “No tuve dudas de que eran personas buenas, hombres y mujeres revolucionarios, descendientes de Mariana y de Maceo que me acompañarían codo a codo en este arduo transitar”, dijo con certeza.

Entonces recuerda las obras ejecutadas desde su llegada, sus primeras e inesperadas visitas a diversos centros, esas que de seguro muchos agradecen pues fue el inicio de un sistema de trabajo que nos obligó a trabajar bien y duro para beneficio de todos; luego destaca el paso del huracán Sandy, el que no solo nos arrebató el colorido de llanos y montañas, sino también vidas humanas.

“Sandy fue un duro golpe en todos los sentidos, y a pesar de los fallecidos y de todas las personas que aún sufren las pérdidas materiales, nos enseñó a ser más unidos, a ser más revolucionarios y batallar sin descanso por un objetivo. El amanecer de aquel 25 de octubre nos mostró un solo camino, teníamos que sacar la ciudad de las ruinas, y lo hicimos”, afirmó.

Reconoce que no ha sido fácil, pero tampoco imposible, y asegura que el principal mérito lo tiene el pueblo, encabezado por su nueva generación, esa juventud entusiasta que no se amilana ni en los momentos más difíciles.

“Hemos ganado en cultura del detalle aunque aún con insatisfacciones; somos un pueblo más organizado, con más sentido de pertenencia; no me quedan dudas de que cada uno de sus habitantes defiende y cuida su ciudad con más cariño, con más vehemencia.

“Juntos hemos aprendido a darle valor a lo que tenemos, y cada día somos más los que amamos esta tierra de titanes, y somos santiagueros por adopción, por convicción, por herencia…. por amor a este bello terruño. Pero lo más importante es que todos somos protagonistas de la gran obra que se erige hasta en los más recónditos lares santiagueros”, dijo emocionado.

Nuestra añeja Santiago de Cuba embellece con cada amanecer, y se traza metas y supera peldaños; y aunque lejos estamos aún de una ciudad verdaderamente higiénica, ordenada y disciplinada – como convocó Raúl Castro- los resultados son ya notorios.

“Más que una tarea, es un honor”, dijo Expósito Canto al referirse a las palabras de Raúl.

“Por esta ciudad trabajamos y nos esforzamos día a día, segundo a segundo; y hacer de esta un espacio cada vez mejor, más que trabajo, más que obligación, es un deber porque los santiagueros lo merecen, lo merecemos”.

Con la humildad que lo caracteriza, Lázaro comenta que uno de los retos ha sido insertar al pueblo, de manera activa, en cada una de las labores que se ejecutan, desde los barrios, la comunidad, los centros de trabajo, desde su vivienda; a sentirse dueño y creador de cada granito de arena de esta provincia. Lograr que sintiera personal cada éxito colectivo.

“Y creo que sí, lo hemos logrado. Hoy observamos a un santiaguero más trabajador, más crítico y autocrítico, orgulloso de haber nacido y vivir en la ciudad del cuartel Moncada, de la Granjita Siboney, del Parque Céspedes, de la Alameda y su malecón, del Tivolí, de sus montañas y sus colores, de su populosa Enramadas, de un Cementerio que atesora los restos de Mariana, Céspedes, Martí, Frank, y las cenizas de Fidel.

El Héroe del Trabajo se siente un santiaguero más, y lo demuestran sus palabras, el sentimiento que aflora cuando refiere las largas jornadas de trabajo del día a día, cuando estrecha la mano de todos los que a su paso encuentra, en el abrazo sincero, en la mirada conquistadora.

“¿Qué si disfruto Santiago?… mira, me siento santiaguero, y como cada pedacito de Cuba, tiene sus encantos, pero desde que llegué aquí me sentí en casa, y en casa estaré por mi pueblo, por decisión del General de Ejército y por ese cariño enorme que me tributan a cada paso. Por eso disfruto trabajar y hacerlo junto a mi querido pueblo”, aseveró.

Por estas y otras tantas razones también lo vemos disfrutar sentado en cualquier parque de la ciudad, caminando sus calles, o sencillamente junto a sus compañeros de trabajo en las afueras de la sede provincial del Partido, allí donde es un transeúnte más, desde donde observa la alegría del pueblo y reprocha cualquier acción que pudiera entorpecer el trabajo diario.

Porque esta es su ciudad, decidida a continuar cosechado éxitos, a pulir sus calles y su andar, a ser más hospitalaria; porque Santiago es Santiago, donde se observan banderas por doquier, Lázaro Expósito es un santiaguero por adopción que ama a este pueblo.

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